El Barça comenzó su defensa del título de Liga con una cómoda victoria ante el Mallorca, pero lo hizo en un duelo marcado por la polémica arbitral. Los bermellones acabaron con nueve futbolistas, pero los motivos de sus quejas llegaron por lo ocurrido en otras acciones del juego.
Sin duda, la más clara llegó a los 22 minutos de partido. Con el Barça ya mandando en el luminoso, Lamine Yamal sacó un latigazo con la pierna izquierda que fue repelido con la cabeza por Raíllo, central del conjunto balear.
El capitán del Mallorca se fue al suelo conmocionado y José Luis Munuera Montero se llevó el silbato a la boca dispuesto a parar el partido para atender al jugador. Así lo dice el reglamento: si un jugador recibe un golpe en la cabeza hay que detener el juego de forma inmediata.
Así parecía que iba a ser. Sin embargo, después de pasar más de dos segundos con el silbato en la boca, no lo hizo sonar en ningún momento. La acción prosiguió, Ferran Torres recogió el rechace y acabó batiendo a un Leo Román que apenas estaba atento a la acción.
Incluso los futbolistas del Barça estaban confusos, sin saber si debían celebrar el gol, mientras las gradas estallaban contra el árbitro. Mientras tanto, los futbolistas del Mallorca recriminaban con vehemencia a Munuera su decisión.
El colegiado se acercó a hablar con Jagoba Arrasate, técnico del cuadro mallorquinista, y justificó su decisión. «Ha despejado el balón con la cabeza. He hablado con él. No está para llevárselo», le dijo al entrenador vasco.
Raíllo, protagonista de la acción, ofreció también su versión tras la conclusión del partido: «El balón me da en la cabeza y han pasado diez segundos. Me mareo un poco porque mis dos primeros pasos son levantarme y no puedo, entonces creo que da tiempo más que de sobra para pararlo».
Por su parte, Flick no quiso entrar a valorar la jugada: «Yo siempre le digo a mis jugadores que en situaciones así, se ha de continuar con el juego hasta que el árbitro lo pite. Es una decisión arbitral que debemos respetar».














