Bernardo Ruiz ha sido historia de Orihuela y de Alicante. El primer gran deportista de la provincia y un pionero a nivel nacional. En una época en la que nuestro país todavía vivía encerrado y tratando de superar el trauma del terror de una guerra, él traspasó fronteras. Llevó su nombre y el de la región de la que siempre se mostró orgulloso hasta Francia, Italia y allá donde fuera necesario desplazar su bicicleta, en unos tiempos en los que en el ciclismo mandaba más el corazón que los vatios.
Sus cien años dieron para mucho. Para ganar la Vuelta a España en 1948. Para ser el primer español en subirse al podio del Tour de Francia en 1952, un hito que durante años posiblemente haya sido minusvalorado, pero que en estos días en los que el ciclismo patrio cumple una larga década sin ningún representante entre los tres primeros de la mejor carrera del mundo debería ser fortalecido y reivindicado. Y para brillar también, con sufrimiento, en el Giro de Italia. Ganó etapas en las tres grandes. Con su sello. Con el de «su» Orihuela.
Huelga decir que Bernardo Ruiz perteneció a una generación del ciclismo, del deporte y de la vida muy diferente a la actual. Unos tiempos en los que ganarse la vida sobre dos ruedas era poco menos que una quimera. En los que el riesgo, las etapas monstruosas y las dificultades técnicas o climatológicas eran el pan nuestro de cada día para aquellos benditos aventureros que abrieron el paso a los Bahamontes, Ocaña, Delgado, Induráin y Contador. Sin los hitos de «El Pipa» quién sabe si España hubiese contado todo lo que vino después.
Palmarés de Bernando Ruiz / INFORMACION
La carrera deportiva de Ruiz, que se extendió entre 1946 y 1958 dio para triunfos, leyendas y anécdotas. Antes de que su nombre se incluyera en crónicas de etapas epopéyicas ya fue un superviviente. Un niño de posguerra que desde los cinco años ejercía de «espantapájaros» en el huerto del que se encargaba su familia o que se dedicaba al estraperlo, obviamente en bicicleta, transportando mercancías entre Orihuela y Cartagena. Ahí se fortalecieron las piernas del primer gran ciclista español y se forjó un carácter valiente que le llevó a irse a trabajar al extranjero, fichando por equipos italianos, franceses y belgas.
Hay leyendas que se van entre el silencio y el olvido. A Bernardo Ruiz ojalá le quedara la sensación de todo lo contrario, tras los homenajes que en los últimos meses recibió, con exposición en Orihuela incluida, debido a su categoría de centenario. Tiempo de recordar para quienes vivieron sus hazañas en blanco y negro… y para instruir a los del color y el 4K. «El Pipa» se va con un legado a cuidar, con su nombre inscrito con letras de oro en Brive-la-Gaillarde y en Aix-les-Bains, los dos finales de etapa en los que triunfó en el Tour y con múltiples fotos de sus aventuras, entre ellas la del podio francés de 1952 junto al italiano Fausto Coppi y al belga Stan Ockers.
Cien años de vida, 36.743 días para ser exactos, llegaron a su fin este jueves. Bernardo Ruiz deja una familia que le recuerda como ejemplo de supervivencia, voluntad y esfuerzo. Y un nombre en la enciclopedia deportiva como pionero, campeón y leyenda. Tras su última ascensión se reencontrará con Coppi, Bartali, Bobet, Geminiani o Anquetil; con los que competía hace siete décadas por las carreteras de Francia, España e Italia. El oriolano ya queda para siempre en el Olimpo del ciclismo.
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