Cinco monjas mayores secuestradas en Orduña

La madrugada del 27 de julio se produjo un episodio alarmante en el ya mediático cisma del monasterio de Belorado. Cinco monjas ancianas, con deterioro físico y cognitivo, fueron trasladadas a Orduña en vehículos no adaptados y sin autorización médica. “Se las llevaron en contra de su voluntad, sin avisar a nadie y con nocturnidad”, denuncia Álvaro Sáez, subdirector de contenido sociorreligioso de Ábside Media. El traslado, según el periodista, se intentó primero por la mañana, pero fue retrasado hasta la noche para evitar miradas indiscretas del vecindario.

El hecho ha desatado la alarma entre los familiares. “Se trata de monjas muy dependientes, que necesitan ayuda para todo: aseo, movilidad, cuidados básicos”, explica Sáez. “Muchas de ellas han perdido gran parte de su capacidad de raciocinio”, asegura. La gravedad del asunto se agrava al conocerse que durante las primeras horas se mintió incluso a la jueza: “Negaron el traslado en sede judicial, hasta que la Guardia Civil y la Federación de Clarisas comprobaron que efectivamente ya estaban en Orduña”, añade.

El conflicto que comenzó el 13 de mayo

Todo comenzó el 13 de mayo de 2024, cuando ocho monjas del monasterio firmaron un documento en el que anunciaban su salida de la Iglesia Católica. Rechazaban la autoridad del Papa y todo lo surgido a raíz del Concilio Vaticano II. Desde entonces, el conflicto no ha hecho más que crecer. “Es una película”, dice Sáez, recordando la aparición de un falso obispo, la actuación de un cura «coctelero» y la toma del convento por parte de las cismáticas.

EFE

Las ocho religiosas excomulgadas por su decisión de separarse de la Iglesia católica se enfrentan a la vista oral por la demanda de desahucio

“Una cosa es que tú te quieras ir, y otra muy distinta es que secuestres a otras personas en el proceso”, afirma el periodista. La comunidad ha ocupado el monasterio ilegalmente, motivo por el cual ya existe una sentencia de desahucio. Sin embargo, trasladar a las monjas mayores a otro convento como el de Orduña podría ser una estrategia para dilatar los procesos judiciales. “Las están utilizando como escudos humanos”, denuncia Sáez. “No es lo mismo expulsar a unas monjas jóvenes que a unas ancianas en silla de ruedas”, añade.

 El testimonio desesperado de los familiares

Uno de los testimonios más desgarradores es el de Jaime Torróntegui, sobrino de Sor Pureza, una de las monjas mayores afectadas. “Desde el 12 de septiembre de 2024 no puedo ver a mi tía”, relata. Hasta entonces, los sobrinos acudían regularmente al convento para visitarla y ayudarla. “Mi tía no dejaba de recibir visitas cada 15 días, y ahora no me dejan verla”, lamenta.

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