La crisis global por contaminación plástica ha alcanzado un punto crítico, con evidencias científicas que revelan impactos alarmantes en la salud humana y los ecosistemas. Mientras gobiernos de todo el mundo se preparan para reanudar este mes las negociaciones del Tratado Global sobre Plásticos de la ONU, hasta ahora fracasadas, organismos científicos y conservacionistas urgen a adoptar medidas inmediatas.
Un reciente informe de WWF y la Universidad de Birmingham, junto con un análisis del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), sintetizan cerca de 200 estudios que vinculan los microplásticos y los nanoplásticos (MNP) con riesgos como cáncer, infertilidad y enfermedades cardiovasculares.
Los microplásticos (partículas menores a 5 milímetros) y los nanoplásticos (inferiores a 1 nanómetro) han sido detectados en tejidos humanos críticos, incluidos el cerebro, el corazón, la placenta y los órganos reproductivos.
Según ISGlobal, estas partículas atraviesan barreras biológicas, penetran el torrente sanguíneo y se acumulan en células, liberando aditivos tóxicos como ftalatos y retardantes de llama, asociados a disrupción endocrina y carcinogénesis.
Riesgos significativos
«Aunque sus efectos en la salud humana aún no se comprenden del todo, los MNP podrían representar riesgos significativos dada su capacidad para atravesar barreras biológicas y penetrar en las células«, señala el documento.
Muestras de microplásticos recogidos en el mar. / Sofia Nogues
Los MNP se hallan en el agua, el aire, los alimentos e incluso en productos de uso diario como cosméticos y textiles. Estudios citados por ISGlobal confirman su presencia en fluidos corporales como sangre, leche materna y líquido amniótico.
La producción mundial de plásticos, que podría triplicarse para 2060, ya genera más de 42.000 toneladas anuales de microplásticos que se liberan al ambiente. Peor aún: solo el 10% de los residuos plásticos se recicla; el resto termina en vertederos, océanos o se incinera, práctica vinculada a cáncer de pulmón.
Las conversaciones para el tratado, conocidas como INC-5.2, enfrentan un estancamiento tras dos años sin consenso. WWF alerta que una minoría de países, entre ellos productores de petróleo, bloquea avances significativos.
Negociaciones en la cuerda floja
«En un mundo de política cambiante, estas negociaciones están en la cuerda floja. Los países productores de petróleo han usado el consenso no para construir acuerdos, sino para socavarlos y sabotearlos. Eso no es multilateralismo; es obstruccionismo», explica Zaynab Sadan, responsable global de política sobre plásticos de WWF.
Cada día de retraso, añade la organización, 30.000 toneladas de plástico terminan en los océanos. Ante este escenario, WWF insta a los gobiernos a recurrir a mecanismos alternativos, como la votación mayoritaria o coaliciones de países ambiciosos, siguiendo precedentes como la Convención del Derecho del Mar.»La falta de consenso no tiene por qué significar estancamiento», subraya Sadan.

Una playa en Bali llena de envases de plástico. / EFE
Stefan Krause, de la Universidad de Birmingham, recuerda que el principio de precaución guió éxitos como el Protocolo de Montreal de 1987, que protegió la capa de ozono antes de contar con evidencia científica completa: «Se evitaron millones de casos de cáncer de piel».
Quemas a cielo abierto
La injusticia ambiental agrava el problema. Comunidades de bajos ingresos y países del Sur Global soportan cargas desproporcionadas: residen cerca de vertederos y plantas petroquímicas, trabajan en condiciones de riesgo como recolectores informales de residuos (20 millones a nivel global) o reciben desechos exportados por naciones ricas.
Tras la prohibición china de 2018, plásticos de Europa y Estados Unidos se desvían a Tailandia, Indonesia o Malasia, donde las quemas a cielo abierto liberan toxinas. Aunque la Unión Europea ha aplicado estrategias como la restricción a microplásticos añadidos intencionadamente, ISGlobal critica plazos excesivos y falta de armonización global.
Principio de precaución
«Las decisiones políticas no pueden esperar a tener todos los datos, sino que deberían adoptar el principio de precaución y utilizar la evidencia existente para reforzar normativas y llevar a cabo intervenciones proactivas», advierte el informe, elaborado por Emma Calikanzaros y Claudia García-Vaz.

Una garza real posada sobre los residuos acumulados en la desembocadura del río en Guardamar (Alicante). / Sergio Arroyo
WWF e ISGlobal coinciden en que el tratado debe ser jurídicamente vinculante y cubrir todo el ciclo de vida del plástico. Proponen:
- Prohibir globalmente los plásticos de un solo uso no esenciales y los aditivos más peligrosos.
- Establecer estándares de diseño que prioricen la reutilización y materiales verdaderamente biodegradables.
- Financiar e implementar apoyos técnicos para países en desarrollo.
- Fortalecer la investigación sobre toxicidad de MNP y exposiciones en grupos vulnerables.
El reciclaje es insuficiente
ISGlobal enfatiza que el reciclaje es insuficiente: «El propio proceso genera microplásticos mediante la descomposición mecánica». Propone combatir nuevas fuentes como los residuos electrónicos, impulsar etiquetados claros para consumidores y priorizar una transición justa que proteja a trabajadores y comunidades afectadas.
Las negociaciones de agosto 2025 son quizá la última oportunidad para evitar un tratado débil, alerta WWF. «Esto no es un simulacro, es una lucha por la supervivencia. Los plásticos no son convenientes, son un arma de destrucción masiva», resume Juan Carlos Monterrey, jefe negociador de Panamá.