Hasta catorce personas habrían muerto en los más recientes bombardeos sobre Kiev como parte de la ofensiva rusa de verano, más pensada en crear el caos entre los civiles ucranianos que en avanzar sobre el frente. El uso de los drones Shahed, tanto iraníes como de fabricación propia, no solo parece haber cambiado la dinámica de esta guerra, sino que puede cambiar por completo la industria armamentística tal y como la habíamos conocido, así como las tácticas militares tradicionales en este tipo de conflictos.
Estos drones son capaces de desafiar los radares y las defensas antiaéreas de grandes ciudades a la vez que se cuelan tras las líneas de combate y provocan verdaderas matanzas. El hecho de que ambos países hayan basado su ataque y su defensa en estos aparatos, relativamente baratos y muy funcionales, lo dice todo de su futuro. Con ellos, se puede bombardear Kiev como se puede bombardear Moscú. Se puede limpiar cualquier trinchera como se puede diezmar cualquier batallón de ataque.
Ante todo, sin embargo, Rusia los está utilizando como elementos de terror, amenazas nocturnas que llegan a Kiev y a otras capitales en decenas o incluso en centenares y arrasan con todo: niños y adultos, edificios militares y complejos de viviendas. Ucrania está viviendo un momento delicado en esta guerra, pues su moral empieza a flaquear, algo que no se había visto en los tres años anteriores, y que es en parte culpa de la crueldad rusa… y en parte responsabilidad de los desmanes políticos del régimen de Kiev.
La nueva ley anticorrupción
Y es que en este mes de julio en el que estaba claro que Vladímir Putin iba a apretar aún más las clavijas a las defensas ucranianas, el país presidido por Volodimir Zelenski ha tenido que lidiar también con una fuerte e innecesaria disputa interna. La Rada Suprema, órgano parlamentario que representa al poder legislativo en Ucrania, aprobó el pasado 23 de julio un proyecto de ley que comprometía la independencia de las agencias anticorrupción y con ello, el control al gobierno.
El proyecto de ley fue firmado de inmediato por Zelenski, quien lo defendió asegurando que dichas agencias “seguirán funcionando porque son necesarias, pero hay que limpiarlas de la influencia rusa”. Fueron muchos los ciudadanos que vieron en esta maniobra una excusa para abrir la puerta a la autocracia y se plantearon si cerrar agencias de control o limitar su funcionamiento no era precisamente lo que llevaba haciendo Putin en Rusia desde hace años.
La crisis consiguiente solo puede compararse con las protestas contra Víktor Yanukóvich en 2014, durante el llamado Euromaidán. En plena oleada de ataques indiscriminados rusos, decenas de miles de ucranianos salieron a las calles para pedir más libertad y más democracia, igual que once años antes. Su valentía tuvo premio, pues Zelenski dio inmediatamente marcha atrás en un proyecto que tenía mucho de propio y que sus partidarios apoyaron sin fisuras. Dicho proceso de enmienda propia culminó este jueves con la firma de una nueva ley anticorrupción que devuelve a las agencias de control todas sus competencias.
¿Es posible recuperar la confianza perdida?
Con todo, sería absurdo pensar que el pueblo ucraniano va a actuar como si aquí no hubiera pasado nada: Zelenski ha sido un líder muy valorado, pese a las mentiras de Putin y Donald Trump, durante los tres años y cinco meses ya de guerra. Un líder que ha demostrado su capacidad militar, organizando junto a los generales Valeri Zaluzhni y Oleksander Syrskyi una defensa que ha sorprendido al planeta entero, su habilidad diplomática, uniendo a Occidente en torno a su causa, y su valentía personal, al negarse a abandonar Kiev durante las primeras horas de la invasión y empeñarse en defender a su país arriesgando su propia vida.
Sin embargo, su figura ha quedado seriamente tocada tras este coqueteo con el totalitarismo. Aunque desde su oficina se intentó vender esta ley como un proyecto del legislativo al margen de la voluntad presidencial, es completamente imposible que la Rada hubiera sacado adelante una ley así sin la connivencia del presidente. De hecho, la idea de un legislativo enfrentado al líder del ejecutivo en plena guerra de ocupación casi resulta más preocupante.
Zelenski debe ahora recuperar la confianza perdida por parte de la ciudadanía y no volver a caer en errores tan gruesos. El anterior proyecto de ley no solo parecía un intento de quitarse de encima los controles extragubernamentales, sino que, de alguna manera, daba razón a Putin en su descripción del régimen de Kiev como un régimen corrupto e ilegítimo. Se dio a Moscú una munición argumental con la que ni el propio Kremlin habría soñado. Los socios europeos así se lo hicieron ver al presidente y, sin duda, eso también influyó en su inmediata rectificación.
Trump quiere la paz para el 8 de agosto
Todo esto, hay que insistir, en un momento crucial para el ejército ucraniano en su lucha contra el invasor ruso. Como sucede de cuando en cuando, se aprecia ahora mismo una falta de coherencia entre los relatos que llegan a los medios, especialmente estadounidenses, y la realidad que se ve en el frente. Mientras se insiste en que Chasiv Yar está a punto de caer o que Pokrovsk quedará en breve rodeada, se omite que ambas localidades ya se dieron por ocupadas hace un año, en medio de la anterior ofensiva rusa del verano de 2024.
De hecho, Chasiv Yar es una localidad que queda a apenas quince kilómetros de Bajmut, enclave que fuera tomado por el Grupo Wagner tras una larga lucha… hace más de dos años. En todo este tiempo, Rusia ha sido incapaz de avanzar esos quince kilómetros y eso lo dice todo de hasta qué punto, con drones o sin ellos, el frente está estancado. Aunque el miércoles, varios propagandistas informaron de la toma de la ciudad, lo cierto es que el ISW no da por buena esa información y sigue considerando que Chasiv Yar permanece en manos ucranianas.
Mientras tanto, Trump sigue con su tira y afloja respecto a Putin y su apoyo a Ucrania. Después de reducir el tiempo de su ultimátum de cincuenta a doce días y de enzarzarse en redes sociales con el expresidente ruso Dmitri Medvédev, quien amenazó con lanzar bombas nucleares a Estados Unidos, Trump informó a través de su delegación en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de su intención de llegar a un alto el fuego para el 8 de agosto. Si es algo que realmente ha hablado con las partes o es un nuevo ejercicio de pensamiento mágico, lo sabremos en breve.