Justicia Divina del Valencia CF en el feudo madridista. Los chicos de Carlos Corberán tumban al Real Madrid con un ejercicio de resistencia titánico y una jugada final en la que Hugo Duro, Diego López y Rafa Mir se reencarnaron en David Villa, David Silva y Vicente Rodríguez.
El Valencia hace mucho tiempo que tiene muy claro a lo que juega. Será mejor o peor, más bonito o más feo, pero Corberán le ha dado una identidad propia al equipo, cuya gran asignatura pendiente era competir contra los grandes equipos, y este domingo en el Bernabéu salió desde el primer minuto convencido de que podía hacerlo. No sufrir nunca fue una opción. El Madrid es algo así como los ‘monstars’ de la película de Space Jam, y no necesitan jugar bien para armar el lío. Y lo que es jugar lo hacen bastante mal, al menos esta temporada. Aún así, Tchouameni, Modric y Rudiger pegaban balonazos a la espalda de la zaga valencianista, y Mbappé y Vinícius casi siempre corren más que el resto.
En el minuto 11, tras un par de intentos fallidos, les llegó el premio. Más bien se lo regaló Cuadra Fernández, que se sacó de la chistera un penalti inexistente de Tárrega sobre Mbappé. A pesar de que el VAR le llamó a la pantalla para tratar de salvar su errónea decisión, colegiado madrileño se le cruzaron los cables y mantuvo el lanzamiento desde los once metros. Por justicia divina, la que pocas veces ocurre en el Bernabéu, Vinícius falló ante Mamardashvili. Dos minutos después, como si de un guion de película se tratase y con el estadio madridista recuperándose todavía del ‘palo’ de fallar un penalti, Diakhaby aceleró todavía más los corazones madridistas. En un lanzamiento de esquina, Almeida centró un balñón perfecto a la zona de conflicto, y allí se impulsó el central del Valencia, con un poderoso cabezazo que batió a Fran González. El partido había entrado en una espiral de surrealismo a la que todavía le quedaban capítulos. Con el Madrid incapaz de crear peligro, fue el propio Valencia el que decidió empatar la contienda. Almeida y Diakhaby fueron protagonistas de una de las acciones más ridículas jamás vistas que terminó con el doblete del guineano, aunque este segundo en propia. Sin embargo, un fuera de juego previo de Mbappé salvaba momentáneamente al Valencia y mantenía el milagroso 0-1.
Vinícius se lamenta tras fallar un penalti ante el Valencia CF / EFE
Tras un inicio frenético en todos los sentidos, la primera mitad perdió ritmo en los minutos finales. El Valencia volvió a amagar con crear peligro en una acción de córner, pero el remate final se marchó desviado. En el otro lado del campo, Mbappé puso a prueba a Mamardashvili en un par de ocasiones, pero el georgiano parecía tener el día. Con las pulsaciones algo más calmadas, jugadores a vestuarios.
El Madrid se está jugando el título de liga y estaba cantado que iba a saltar al campo con una actitud distinta en la segunda parte. Dicho y hecho. Los de Ancelotti comenzaron con ganas de atosigar y el Valencia se hundió demasiado rápido. En el primer córner que provocó el Madrid, premio. Centro al área, la peina y Bellingham y Vinícius remata tras un grave error de marca de Jesús Vázquez. El trabajo del Valencia en la primera parte se fue al traste en cuestión de cinco minutos.
La tónica habitual de los partidos en el Bernabéu: el Madrid empata comineza un acoso y derribo constante hasta que acaba con su presa. El equipo de Corberán trató de recuperarse del golpe con Diego López como principal instigador del intento de reacción. Con el equipo blanco descuidando algo más la defensa de lo normal en busca del segundo, se crearon algunas situaciones de ventaja para el Valencia, pero el equipo acusó la falta de calidad y ni siquiera fue capaz de crear peligro real.
El crono avanzaba, el Madrid se ponía nervioso y el Valencia también. Unos por ver como se escapaba un partido que estaban obligados a ganar y otros porque cada vez veían más cerca el milagro. Mbappé lo intentaba por todos los medios, con remates inverosímiles y asistencias magníficas. La mejor fue a Valverde, a quien le dejó en situación de empujarla para marcar el segundo, pero el uruguayo se topó con un Mamardashvili que hizo una de las paradas de la temporada. El georgiano se parece cada vez más al de la temporada pasada y eso es un notición para el Valencia.
Los cambios, clave
Corberán quería piernas frescas sobre el campo y metió a Rafa Mir, Hugo Duro, Fran Pérez y Pepelu, pero no consiguió que cesara el sufrimiento. El Madrid no lograba ocasiones de peligro con regularidad, pero sí generaba una sensación de que iba a terminar marcando demasiado incómoda para los jugadores ayer vestidos de negro. El ejercicio de resistencia de los de Corberán empezaba a ser titánico. Tanto que incluso empezaba a merecer su recompensa.

Rafa Mir y Hugo Duro se abrazan para celebrar el gol del Valencia CF ante el Real Madrid / EFE
El fútbol es muchas veces como la vida, y aunque en el Bernabéu no ocurra a menudo, da pie de vez en cuando a que exista algo de justicia divina. El Valencia y el valencianismo no merecen nada de lo que le está ocurriendo. Ni el maltrato de Meriton, ni el del estamento arbitral, ni el que en muchas ocasiones ha sufrido precisamente contra el Real Madrid. Y por eso ayer el destino quiso que el conjunto blanco no fuera el último en reir, como ocurre habitualmente. Por eso quiso que el Valencia tuviera al menos una semana de luz entre tanta oscuridad. En mitad del asedio blanco magistralmente defendido por los chicos de Corberán, pareció crearse un mundo paralelo en el que Hugo Duro bajó el balón de espuela como si de David Silva se tratase, Diego López puso a correr a Rafa Mir con un balón filtrado propio del mejor Rubén Baraja. El cartagenero, vestido del mejor Vicente Rodríguez, puso un centro medido que esperaba Hugo Duro, o la reencarnación de David Villa. El remate, a gol. Éxtasis total y justicia poética. Ese tipo de cosas que solo pasan una vez en la vida, pues han pasado en el Bernabéu y el protagonista ha sido el Valencia CF. El Valencia de los valencianos. No de Meriton.