El primer día de clase en los colegios e institutos de Canarias es el primer paso hacia la integración de miles de niños y jóvenes migrantes que llegan a las Islas a bordo de cayucos y pateras. El aula se convierte para ellos en un refugio en el que descubrir el nuevo mundo que les rodea de la mano de sus compañeros y profesores. La emergencia migratoria ha regado los centros educativos del Archipiélago de estudiantes procedentes de África y, para allanar la labor de los docentes, la Consejería de Educación ha lanzado una guía de acogida escolar para el alumnado migrante. El manual incluye pautas para ayudar en el proceso de escolarización, integración e inclusión en el sistema educativo y fomenta la creación de un ambiente acogedor y favorable para los nuevos alumnos.
La guía no solo recoge orientaciones pedagógicas, sino también recomendaciones culturales y sociales. «En Canarias contamos con un amplio número de alumnado migrante, no solo de África, sino también de Europa o de América Latina. En las aulas existe mucha diversidad cultural», señala David Pablos, director general de Ordenación de las Enseñanzas, Inclusión e Innovación.
En Canarias estudian 2.423 menores no acompañados, de los que el 4,5% están en Infantil y Primaria
Actualmente, en las Islas hay escolarizados 2.423 menores migrantes no acompañados repartidos en 264 centros. La mayoría, el 45%, está matriculado en Educación Secundaria Obligatoria (ESO), mientras que el 4,5% cursa Infantil o Primaria y el 0,2% ha accedido a Bachillerato. Además, el 23% de este alumnado se forma en Ciclos Formativos de Grado Básico, el 1,5% en Grado Superior y el 6% asiste a Escuelas Oficiales de Idiomas o Enseñanzas Deportivas de Grado Medio. Otro grupo significativo, el 19,8%, continúa su formación en programas de Educación para Personas Adultas, ya que muchos de estos menores superan los 16 años y necesitan itinerarios formativos adaptados a su realidad.
Convivencia en el centro
Los centros educativos afrontan un desafío complejo y, en muchas ocasiones, «necesitan orientación porque se topan con el problema de la barrera idiomática», reconoce Pablos. Por ello, la guía trata de ofrecer apoyo a todos los centros, desde los que ya tienen experiencia hasta aquellos que se enfrentan por primera vez a esta realidad. El documento ofrece pautas sobre cómo organizar los recursos del centro y los horarios, qué información tienen que recabar del alumno para ofrecer una mejor atención, qué información hay que proporcionar a los tutores legales o qué tipo de tareas se pueden llevar a cabo. «No se trata solo de conseguir que los alumnos manejen un español de emergencia, sino que se trabaja en la idea de que todo el grupo participe de manera activa en el proceso de socialización y de inclusión de este alumnado», añade Pablos.
Una de las figuras que destaca la guía es la del alumnado de apoyo, un rol no institucionalizado que suele surgir de forma natural en el aula. Se trata de compañeros o compañeras que voluntariamente acompañan al alumno recién llegado durante los primeros días o semanas, ayudándole a comprender las normas del centro, a ubicarse físicamente en los espacios escolares, y en ocasiones incluso actuando como traductores improvisados. Este acompañamiento informal, que el profesorado puede también fomentar y estructurar, se reconoce como una herramienta valiosa de inclusión real. No solo beneficia al alumno migrante, que se siente menos solo, sino que también fortalece la empatía y las habilidades sociales del alumnado local.
Compañeros con la mano tendida
Junto al alumnado de apoyo, el manual también contempla la creación de la figura del referente de acogida intercultural, una persona del claustro que es designada por el equipo directivo y que asume la coordinación del plan de acogida. Su papel es clave para garantizar una atención cohesionada y continua al alumnado migrante, ya que actúa como enlace entre el centro, las familias, los servicios sociales y el propio estudiante. Esta figura se encarga de impulsar iniciativas que favorezcan la convivencia, detectar barreras en el proceso de adaptación e impulsar estrategias que promuevan el respeto a la diversidad cultural. Además, apoya al profesorado que atiende directamente a los alumnos recién llegados y participa en la recopilación de información útil para mejorar el plan de acción del centro.
La guía parte del conocimiento acumulado por muchos centros educativos que ya cuentan con aulas de acogida y profesorado especializado. «En algunos centros existe una larga tradición en la atención a este alumnado. Cuentan con un aula de acogida y con profesorado extraordinario», afirma el director general, quien apuesta porque esas experiencias no queden aisladas y fomenta la puesta en común de esas buenas prácticas. «En las jornadas que organizamos siempre intentamos llevar a profesorado referente en la acogida del alumnado emigrante para que expliquen con qué realidad se encuentran y cómo trabajan con ella», concluye Pablos.
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