Larrinaga, la historia de un palacio zaragozano construido por amor

Un servidor reconoce que le fascina la arquitectura que surge en muchas ciudades europeas en el último tercio del siglo XIX y comienzos del XX. No puedo evitar fijarme en las diferentes tipologías de edificios, fachadas y estilos impulsados por unas burguesías que querían mostrar al público su poderío económico, así como embellecer las ciudades de las que eran dueños y señores. Y más en particular, me gusta mucho el estilo de arquitectura que llegaron a desarrollar los comerciantes de aquella época y los dueños de grandes navieras que, en zonas de costa, pagaron la construcción de palacios y grandes edificios que tienen un carácter muy marcado. Es algo que se puede ver y disfrutar en ciudades, especialmente del norte de España, como San Sebastián o Santander por poner un par de ejemplos, en los que destacan las edificaciones impulsadas por esas potentes fortunas de la burguesía naviera.

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