La NASA está haciendo un seguimiento detallado de la «abolladura» o «bache» en el campo magnético terrestre descubierta en 1961, que crece rápidamente y podría ser el preludio de una inversión geomagnética: ocurre cuando los polos magnéticos norte y sur intercambian posiciones.
En el amplio océano que separa Sudamérica de África, una peculiaridad del campo magnético terrestre ha captado la atención de científicos de todo el mundo. Conocida como la Anomalía del Atlántico Sur (SAA, por sus siglas en inglés), esta región presenta un debilitamiento significativo del escudo magnético que protege a la Tierra de la radiación cósmica y solar.
La SAA fue identificada por primera vez en 1958 durante la exploración de los cinturones de radiación de Van Allen, cuando se detectó un comportamiento inusual en la radiación a baja altitud sobre esta región. Sin embargo, su descubrimiento formal como una anomalía específica del campo magnético terrestre se consolidó en 1961, cuando investigaciones detalladas revelaron la existencia de un cinturón interno de radiación en esta área, caracterizado por una intensidad magnética significativamente menor que en otras latitudes similares.
El campo magnético terrestre, generado por el movimiento del hierro fundido en el núcleo externo de la Tierra, actúa como un escudo contra partículas cargadas provenientes del Sol. Sin embargo, en la región de la SAA, este escudo se debilita considerablemente, permitiendo que una mayor cantidad de radiación penetre en las capas superiores de la atmósfera. La anomalía abarca un área extensa que se extiende desde Sudamérica hasta el suroeste de África y se caracteriza por una intensidad magnética hasta tres veces menor que el promedio global.
La NASA ha descrito esta región como una especie de «abolladura» o «bache» en el campo magnético terrestre. Aunque no tiene efectos directos sobre los humanos en la superficie debido a la protección adicional que ofrece la atmósfera, representa un desafío significativo para los satélites y naves espaciales que atraviesan esta zona.
Impacto tecnológico y espacial
La SAA es especialmente problemática para los satélites en órbita baja, como los utilizados para telecomunicaciones, observación terrestre y navegación. Al pasar por esta región, los sistemas electrónicos a bordo están expuestos a niveles elevados de radiación solar y cósmica. Esto puede causar fallos técnicos, pérdida de datos e incluso daños irreversibles en componentes sensibles.
Por ejemplo, los operadores de satélites suelen apagar sistemas críticos al atravesar la SAA para evitar cortocircuitos provocados por partículas cargadas. También la Estación Espacial Internacional (ISS), que cruza regularmente esta región, ha experimentado problemas menores relacionados con esta anomalía.
Además, estudios recientes han revelado que las auroras boreales también pueden verse afectadas por las alteraciones geomagnéticas asociadas con la SAA, lo que subraya su influencia más allá del espacio inmediato.
La SAA tiene su origen en procesos profundos dentro del núcleo terrestre. El flujo dinámico de metales líquidos en el núcleo externo genera corrientes eléctricas que producen el campo magnético global. Sin embargo, este flujo no es uniforme. Investigaciones han señalado que una gran masa rocosa conocida como la Provincia Africana de Baja Velocidad de Cizalla (LLSVP), ubicada en el manto inferior bajo África, podría estar alterando los patrones de flujo en el núcleo externo. Esto genera irregularidades locales en el campo magnético, dando lugar a fenómenos como la SAA.
Además, estudios paleomagnéticos han demostrado que anomalías similares han ocurrido repetidamente a lo largo de millones de años. Esto sugiere que la SAA no es un fenómeno aislado ni reciente, sino parte de un ciclo natural asociado con las dinámicas del geodínamo terrestre.
¿Preludio a una inversión geomagnética?
Una pregunta recurrente entre los científicos es si la SAA podría ser un indicio temprano de una inversión geomagnética, un evento durante el cual los polos magnéticos norte y sur intercambian posiciones. Aunque estas inversiones ocurren con poca frecuencia (cada cientos de miles de años), algunos estudios sugieren que anomalías como la SAA podrían precederlas. Sin embargo, otros expertos argumentan que las fluctuaciones actuales son parte del comportamiento normal del campo magnético y no necesariamente un precursor inmediato de una inversión.
La evolución dinámica de la SAA —que parece estar dividiéndose en dos regiones separadas— plantea nuevos desafíos para su estudio y predicción. La NASA y otras agencias espaciales han intensificado sus esfuerzos para monitorear este fenómeno mediante misiones específicas como ICON y Swarm. Estos satélites recopilan datos clave sobre las variaciones del campo magnético y las partículas cargadas presentes en esta región.
En paralelo, los ingenieros trabajan para diseñar tecnologías más resistentes a las condiciones extremas dentro de la SAA. Esto incluye sistemas electrónicos blindados y protocolos operativos adaptados para minimizar riesgos durante las misiones espaciales.