«Soy mucho más feliz ahora, en esta vida«. Pablo Iglesias dejó la política institucional hace ahora cuatro años, pero se afana en recordar que sigue en la arena política. No sólo dirigiendo la plataforma que creó para ese fin, Canal Red, o en los espacios de RTVE que negoció a cambio del apoyo de Podemos a los planes de Moncloa, sino también a través de sus obras literarias. Queda patente en su último libro, Enemigos íntimos (Editorial Navona, 2025), todo un ajuste de cuentas con más de una docena de personalidades contemporáneas, desde Manuela Carmena, Iñigo Errejón o el rey Felipe VI, pero especialmente Yolanda Díaz.
El fundador de Podemos descarga una serie de consideraciones políticas y personales contra su sucesora en el cargo, a la que él mismo designó. Toda una venganza política y personal contra la dirigente gallega, a quien dedica un capítulo completo y la que acusa de «normalizar mentir como estrategia» o haberse «subido a una nube de narcisismo de la que no ha conseguido bajar».
«Yo a Yolanda la quería mucho. Era una amiga personal«, comienza Iglesias en una de las poquísimas concesiones que le hace a la vicepresidenta segunda, en un capítulo bautizado Yolanda en la corte del rey Felipe, donde relata la caída en desgracia de una relación que venía de años atrás, cuando se conocieron en el Partido Comunista de España y después en su etapa trabajando para ella como asesor en Galicia.
La editora Irene Zugasti, colaboradora de Iglesias en su plataforma, señala en el prólogo que «este libro no es una vendetta, ni una sastrería de trajes baratos a unos cuantos personajes, aunque bien lo merecen», sino un intento de dar «explicación» a la última década, que comenzó con un «desborde ilusionante» en el 15M y que llega hasta los últimos tiempos, en que «los límites de lo posible se fueron estrechando». Con ánimo de venganza o no, lo cierto es que Iglesias culpa del cierre de ciclo a todos los personajes que retrata en el libro, pero especialmente a Yolanda Díaz.
«Irene, la opción con más apoyos»
El dirigente llega a explicar cómo la eligió como sucesora en el cargo en 2021, cuando él dejó el Gobierno, en un intento por sortear el «desgaste» de Podemos. «Llegamos a la conclusión de que debíamos evitar poner todo el peso sobre nosotros y sería positivo apostar por una figura aliada», introduce Iglesias en el libro escrito junto a Zugasti, donde hasta las alabanzas van envenenadas. «Yolanda era ideal porque no se había metido en determinados jardines y había sabido protegerse, sobre todo desde que era ministra», continuaba.
«Entonces ella actuaba de forma muy diferente, solo hace falta comparar su forma de expresarse antes y ahora», comienza criticando el exvicepresidente de Gobierno, que describe a Díaz como una «tecnócrata de izquierdas» y a la que compara sistemáticamente con Iñigo Errejón.
Iglesias apunta, sin embargo, que la primera opción para su sucesión fue Irene Montero, que tenía «más apoyos», pero que fue descartada por la «reacción machista» que provocaría el hecho que fuera su pareja. «Aunque Irene fuera, quizá, la opción natural y con más apoyos, estaba ya en el punto de mira y la reacción a una decisión así, siendo además mi pareja, habría sido tan machista y feroz que no era una alternativa realista en ese momento», rememora el fundador de Podemos. «Así que nos pareció buena idea que Yolanda asumiera ese liderazgo».
«Todo comenzó en Valencia»
El dirigente admite su decepción con cómo continuó la historia: «Era consciente de que no iba a ser lo mismo, que Yolanda tendría su propio estilo, pero que sería leal. Ella optó por tomar otro camino«. Iglesias hace una sentencia de defunción política de Díaz, y sitúa nítidamente el principio de la fractura: «Todo comenzó en Valencia en 2021, en aquel acto llamado nuevas políticas donde reunió a Ada Colau, Mónica García o Mónica Oltra, pero excluyó a las dos ministras de su propio espacio, Ione Belarra e Irene Montero», rememora Iglesias, en relación al acto adelantado en su día por El Periódico de España, del grupo editor Prensa Ibérica.
Después de esta introducción, Iglesias pasa al ataque directo contra la líder de Sumar, asegurando que «si no hubiera sido tan evidente su voluntad de destrucción de Podemos (…), si su inquina hacia Irene no fuera tan evidente, Yolanda habría podido reconfigurar las cosas».
«Se enamoró de la fama y cambió»
El exvicepresidente hace su propio diagnóstico sobre la «transformación de su personalidad», asegurando que lo sucedido «no es muy diferente de lo que le pasó a Errejón»: «Yolanda se enamoró de la fama y cambió su forma de actuar, su imagen, su tono», describe Iglesias, que critica que «estaba dejando descansar todo en una personalidad forzada». Frente a la imagen de Iglesias, «enfadado y gruñón», la vicepresidenta «construía una imagen empática, de sonrisas, de cierta frivolidad«.
En este punto, el fundador de Podemos apunta al «paralelismo con Iñigo [Errejón]«, puesto que «ambos eran una construcción mediática hecha para destruirnos». Esta tesis, ideada por Iglesias, ha sido la lectura que ha venido haciendo la dirección del partido en las últimas semanas, en un discurso estrechamente vinculado al que continúa siendo su líder espiritual.
«Así se lo advertí a ella una de las últimas veces que nos vimos, aunque me temo que entonces ya había subido a esa nube de narcisismo de la que no ha sabido bajar (…). No quiso escucharme», sentencia Iglesias, que admite que le pidió explicaciones tras el acto de Valencia.
«Le escribí un mensaje tras aquel acto (…) para pedirle una explicación y me contestó con mentiras: que ella no sabía nada, que eran otros quienes lo habían organizado», relata, antes de pasar directamente al ataque. «A partir de ahí se empieza a normalizar el mentir como estrategia y el exhibir una hipocresía que llegaba a ser esperpéntica con toda aquella escenificación de abrazos y de amor con Iñigo Errejón o con Ada Colau«. Iglesias reprocha que «con ella se volvió todo exageradamente fingido» poniendo como ejemplo la dimisión de Mónica Oltra: «Cuando tuvo que dimitir apretando los dientes, Yolanda no la apoyó«.
«Pensó que todos podíamos ser comprados»
Los ataques de Iglesias a Díaz bailan entre lo personal y lo político. «No puedes sostener un ‘a mí no me interesan los partidos’ cuando llevas encadenando cargos políticos años y años dentro de ellos. No puedes decir ‘le voy a ser muy franca’ y a renglón seguido hablar y no serlo en absoluto», continúa Iglesias en su ristra de reproches a la vicepresidenta segunda del Gobierno.
Después de criticar que «las sonrisas no sirven para convertir tus postulados políticos en políticas públicas», el dirigente recuerda que la deriva de Díaz «terminó por romperle los nexos con la realidad a medida que el contraste entre la imagen pretendidamente amable hacia el exterior y la mezquindad proyectada hacia la interna se iba haciendo cada vez más patente». «Esa mezquindad pasó por creer que todo tenía un precio y todos podíamos ser comprados«, continúa Iglesias, que recuerda un episodio que ya publicó Irene Montero en su libro, por el que Díaz le habría ofrecido la embajada de Chile en lugar de un cargo en el Gobierno.
Iglesias insiste en su idea de que Sumar fue una «operación» política ideada por el PSOE con el fin último de acabar con Podemos y «construir una izquierda mucho más dócil (…) y dejar a Podemos muerto y fuera de juego», en una línea discursiva que Podemos ha heredado en las últimas semanas.
De esto también culpa a los partidos integrados en la coalición, «cuyo botín era repartirse a Podemos». Pero las europeas del pasado 9 de junio, donde Irene Montero logró dos escaños, «equilibró las fuerzas entre Podemos y Sumar». «Este proceso representa el fracaso político de Yolanda».
«No veo a Yolanda siguiendo en política»
En su libro, Iglesias se otorga la licencia de predecir el final político de la vicepresidenta que él mismo aupó. Un final que el dirigente ve próximo: «No veo a Yolanda Díaz siguiendo en política después de todo lo que ha pasado, aunque quién sabe». Defiende que tras «algunos logros» en su paso por el Ministerio de Trabajo, «ella ya puede considerarse un personaje histórico con cosas que contarles a sus nietos».
El dirigente entra incluso a valorar los destinos posibles de su vida post-política, asegurando que sería «una salida digna y decente» presidir una fundación de Comisiones Obreras, «aunque quizás el PSOE le busque algo más pomposo, un puesto en la Organización Internacional del Trabajo, por ejemplo». Apunta, eso sí, que «no me la imagino otra vez como diputada rasa, o intentando presentarse de nuevo en unas listas, pero qué sabe nadie».