Europeísta convencido y optimista en tiempos de zozobra. Ese es el espíritu de Valerio Rocco (Roma, 1984), director del Círculo de Bellas Artes de Madrid, filósofo, escritor y dueño de una biografía apasionante: de padre italiano, un periodista en las instituciones europeas, y madre española, abogada y profesora de Derecho, este joven filósofo nace en Roma y con tres años se muda con su familia a Luxemburgo, donde vivió cinco años. Luego vivió en Francia, se ha formado en Alemania estudiando a Hegel y ha pasado etapas en el Reino Unido y Estados Unidos. Se define como una persona «transnacional y enfrentada a todo nacionalismo excluyente, identitario, y por eso, el proyecto europeo me entusiasma y me moviliza».
Con 150 años de historia, el Círculo de Bellas Artes de Madrid ha emprendido una etapa de apertura a otros territorios. En Sevilla, acaba de inaugurarse la exposición Especies mensajeras, del escultor Álvaro Soler-Arpa, en la sede de la Fundación Biodiversidad en el Patio de Banderas, una coproducción de esta institución que aborda el drama de la crisis climática a través de estas esculturas de animales distópicos, deformes, contaminados, «que nos hace ver las graves consecuencias que la contaminación tiene sobre la naturaleza, pero también sobre nuestras mentes». La entrevista se desarrolla en una sala de la sede del Rectorado de la Universidad de Sevilla.
PREGUNTA. ¿Qué relación hay entre la filosofía y el cambio climático?
RESPUESTA. La filosofía tiene mucho que decir sobre el cambio climático como una de las grandes emergencias de nuestro tiempo. La ciencia, desde hace mucho tiempo, ya nos ha dado los datos que demuestran que estamos en una situación absolutamente inaceptable. Pero muchas veces la ciencia no tiene el poder de cambiar nuestra conducta, las conciencias. En cambio, la filosofía, las humanidades y también el arte, son más capaces de apelar a la emoción de la gente y de transformar su manera de vida. Por eso es muy importante una alianza entre filosofía, humanidades y artes y las ciencias experimentales.
P. ¿Para qué sirve la filosofía hoy?
R. Es una de las disciplinas más importantes, más cruciales en nuestro tiempo, sobre todo en este momento de comprensión reductiva de la innovación como mera digitalización y mero desarrollo tecnológico. En realidad lo más innovador, lo más transformador siempre han sido las humanidades, y en concreto la filosofía, por su capacidad no sólo de ofrecer respuestas sino de cambiar nuestras preguntas. La filosofía hoy tiene una misión importante a la hora de innovar nuestra manera de ver el mundo, de cambiar nuestras preguntas y de hacernos más críticos en este momento de desarrollo digital incontrolable que no sabemos verdaderamente a dónde se dirige. Hoy hacen falta más filósofos que nunca.
P. ¿Qué papel puede tener la filosofía en la regulación de la Inteligencia Artificial?
R. Muchas veces se piensa en la filosofía, en las humanidades, solo como frenos o reguladores de una Inteligencia Artificial (IA) que efectivamente no sabemos a dónde se dirige. Esta tarea de velar por derechos fundamentales, incluso por la salud mental o por cuestiones que ahora están muy de moda como los neuroderechos, es decir, esa privacidad neuronal que se ve cada vez más afectada por el avance de los big data y de la IA, es muy importante que lo tenga la filosofía. La filosofía puede tener un carácter también colaborador o complementario a la IA. Los nuevos desarrollos de la IA, como ChatGPT muestran que, como casi toda tecnología de IA, solo es capaz de proporcionarnos respuestas a preguntas que nosotros le formulemos. El reto está entonces en saber formular las preguntas correctas y también en sospechar de esas preguntas que nos vienen dadas. De esas preguntas hegemónicas, de esas preguntas que no tienen un trasfondo crítico. La filosofía tiene la misión de trabajar sobre las preguntas, sabiendo que la IA nos va a dar las respuestas y ese es un trabajo no solo de oposición o de control o de freno, sino también de colaboración entre filosofía y tecnología.
P. En las aulas el reto es cómo controlar el uso de la IA por parte de los alumnos.
R. El uso de la IA es muy peligroso en las etapas formativas. Sí puede ser una ayuda en el trabajo, en la burocracia, pero creo que es muy difícil un uso sano de la IA en la enseñanza. Y eso porque elimina los factores de incomodidad, de esfuerzo, de aprendizaje, de fracaso, de error, que están detrás de todo proceso educativo. Hegel hablaba del esfuerzo del concepto necesario para aprender. Si nosotros recurrimos a la IA, no estamos esforzándonos a la hora de argumentar, de refutar, de pensar, y eso me parece muy problemático.
P. Da clases en la Autónoma de Madrid. ¿Qué opina del decreto que regula la creación de universidades privadas?
R. En España, la universidad pública, en muchas regiones, por ejemplo, la Comunidad de Madrid, está sufriendo un ataque deliberado, ideológico y tremendo en forma de infrafinanciación, por una parte, y, por otra parte, de gran desprestigio social. Esto es una maniobra que responde a intereses económicos, del negocio que supone montar universidades que se dediquen exclusivamente a la docencia. Desde los tiempos de Humboldt, en Alemania, la universidad se caracteriza por la unión de investigación y docencia, y hoy en día también por esa tercera misión que es la transferencia de conocimiento a la sociedad, en la que la colaboración con entidades culturales es magnífica. Aquí en la Universidad de Sevilla se puede ver un ejemplo muy bueno con la musealización que se ha hecho de la Facultad de Filología. Pero, una universidad que no tenga al menos aspiración, además de enseñar, a investigar y a transferir, no debería ser una universidad. Hay excelentes universidades privadas en España que hacen esto y lo hacen muy bien, pero, desgraciadamente, ha habido una proliferación de universidades exclusivamente orientadas al negocio y a la expedición de títulos, con una calidad bajísima y un propósito exclusivamente de rentabilidad.
El Gobierno hace muy bien en poner coto a esta proliferación y en proteger la universidad pública como, esto es muy importante, una herramienta fundamental de ascensor social y de igualdad de oportunidades.
Ha habido una proliferación de universidades exclusivamente orientadas al negocio y a la expedición de títulos, con una calidad bajísima y un propósito exclusivamente de rentabilidad
P. ¿Cómo consigue el Círculo de Bellas Artes llegar a públicos tan diferentes, siendo un centro privado que se sostiene con las cuotas de los socios?
R. Desde que soy director hace seis años, hemos logrado rejuvenecer la edad media de nuestro público en 23 años. Estaba en 56 años cuando llegué y esto lo hemos logrado, ante todo, interpelando a esas nuevas generaciones para que sean parte activa y que sean protagonistas de la programación. No solo como público, sino también llevarles a las salas de exposiciones como artistas, subirles a los atriles como conferenciantes, escucharles en nuestras mesas de poesía como poetas o estrenar sus películas en nuestro cine como incipientes cineastas. O por ejemplo, como en el caso del teatro, llevando producciones de teatro joven a nuestro Teatro Fernando de Rojas, donde se ha hecho la historia del teatro español. Esto es muy importante para los jóvenes.
Ahora estamos en una fase ante nuestro principal reto, que es la programación intergeneracional. No solo atraer a los jóvenes, no solo atraer a un público adulto o senior, sino hacer que convivan en el mismo espectáculo, en las mismas exposiciones, sin renunciar a la calidad, pero logrando esa fusión de públicos de edades distintas, que es cada vez más difícil que se produzca en la sociedad, en la vida real, que es cada vez más segmentada por edades, desgraciadamente.
P. El Círculo siempre ha sido una institución muy conocida y muy querida en Madrid pero no en el resto de España. Empieza a salir fuera de la M30.
R. Y eso era algo que nosotros queríamos modificar. Esta exposición que inauguramos en el Patio de Banderas del Alcázar de Sevilla es un buen ejemplo; la semana que viene se inaugura en Barcelona otra exposición nuestra, en la Filmoteca de Cataluña, sobre el filósofo francés Georges Didi-Huberman, En el taller del filósofo, explicando desde un punto de vista artístico cómo trabaja un filósofo. Y hay más proyectos por toda España para los próximos años. La crisis económica de la pandemia obligó a las instituciones culturales a salir de su aislamiento, de su atomismo, de su ensimismamiento, y trabajar en red.
P. ¿Qué papel va a tener el Círculo en los actos del centenario de la Generación del 27?
R. Toda la Generación del 27 tenía el Círculo como un lugar de encuentro importantísimo. Es más, de algún modo, estrenaron el edificio del Círculo de Bellas Artes que tenemos hoy en día como sede, que se inauguró en 1926. Todos los grandes protagonistas de esta generación o fueron socios o participaron en eventos, en talleres, en conferencias… Y por eso vamos a ser, junto con la Residencia de Estudiantes o la Casa de Vicente Alexandre, algunos de los puntos emblemáticos de esa celebración. Me preocupa que, además del carácter cultural de esa generación, que es importantísimo, se olvide la importancia política que tuvo también esta generación y sus representantes. Tengo el miedo de que, como ocurrió con Galdós, por ejemplo, o como ha ocurrido anteriormente con Machado se presenten versiones puramente culturales, descafeinadas, que no se centren en la potencia política de la literatura y del pensamiento de muchos de los integrantes del 27. En el Círculo, vamos a rescatar esta potencia política y esperamos que se haga en todos los lugares.
P. Italiano, español, formado en Alemania, Reino Unido… ¿Qué piensa del papel que están ocupando las instituciones europeas en este momento de cambio en el orden geopolítico global?
R. Como europeo y como europeísta que soy, estoy muy afectado por la debilidad de Europa, por la disgregación del proyecto europeo y europeísta. Es el momento de que los ciudadanos salgan de algún modo al rescate de las instituciones. Es el momento de emular en todos los países esa magnífica manifestación que tuvo lugar hace unas semanas en Roma, donde decenas de miles de personas salieron a la calle reivindicando una Europa unida y fuerte. Por eso, desde el Círculo de Bellas Artes, en colaboración con muchas otras entidades, sindicatos, asociaciones de la prensa, jóvenes europeístas, hemos promovido para el 11 de mayo, en Madrid, una gran concentración a favor de Europa. Va a haber otra en Málaga el día anterior, el día 10. Y que en todas las ciudades salgamos a la calle devolviendo ese entusiasmo por Europa devolviendo a Europa lo muchísimo que ha hecho por nosotros desde el punto de vista económico, social, político, y en mi caso, y en el de muchos otros, también biográfico. Además, el Círculo es casa Europa en Madrid y en España, con lo cual tenemos una especial responsabilidad en este sentido.
P. ¿Y por qué esa especialización en Hegel?
R. Inventó el método dialéctico, la dialéctica, que nos enseña que es posible la síntesis incluso en las oposiciones más irreconciliables. Siempre hay un fundamento común, siempre hay un punto de encuentro. Y esto lo aplicó a todas las esferas de la realidad. Desde las ciencias, la sociedad, la política, la familia, la psicología. Y yo creo que en un mundo cada vez más polarizado, binario, dual, de blancos y negros, Hegel nos enseña a pensar los matices, a pensar las conciliaciones, a pensar los puntos de encuentro. Sigue más vigente que nunca.
P. ¿La ola reaccionaria va a ir a más o remite?
R. Desgraciadamente hay una alianza poderosísima entre lo reaccionario en lo económico, en lo político y este tecnocapitalismo económico a nivel global. Tengo mucha esperanza en lo que pase en Francia, en lo que pase en el futuro en España. Así que yo creo que aquí, con la defensa de los derechos humanos y de la tradición europea, podamos desarrollar una cierta inmunización, un cierto antídoto contra esta ola reaccionaria. Y en medio de este panorama tan negro yo quiero ser optimista.