En Viena, Tal Shoham relató ante diplomáticos de la ONU el trato inhumano sufrido durante 505 días en manos de Hamás y pidió liberar a los cautivos restantes.
Shoham exige acciones urgentes y claridad moral ante el terrorismo
El ex rehén Tal Shoham compareció este viernes ante las oficinas de la ONU en Viena, donde describió las condiciones de su cautiverio en Gaza y pidió a los diplomáticos presentes que usen su influencia para presionar por la liberación de los 59 rehenes restantes, de los cuales se estima que 24 aún siguen con vida.
“Mientras nosotros estamos sentados aquí en la hermosa Viena, ellos permanecen en los túneles de Hamás, a 20 metros bajo tierra, clamando desde su calabozo”, declaró. Shoham afirmó que su liberación fue como “nacer por segunda vez”, tras haber sido “forjado a partir de la terrible crueldad de Hamás”.
“Estoy aquí hoy para motivarlos a hacer lo que desesperadamente se necesita hacer”, añadió. “Usen cualquier herramienta que tengan para presionar la liberación de los rehenes. Como individuos puede que no tengamos ese poder, pero como comunidad internacional sí lo tienen”.
El ex rehén también criticó la falta de firmeza global frente al terrorismo. “Lo que alimenta a Hamás es la confusión moral y el fracaso en tomar una posición inequívoca contra el uso de seres humanos como moneda de cambio”.
Detalles del secuestro y condiciones extremas bajo tierra en Gaza
- 505 días en cautiverio bajo condiciones infrahumanas, a 20 metros bajo tierra.
- Guardias de Hamás aplicaban torturas físicas y mentales a diario.
- Los rehenes pasaban hambre extrema, con solo un pan de pita al día.
- Gilboa-Dalal y David pasaron 34 días atados con bridas, sin poder moverse.
- La celda de los rehenes medía solo un metro de ancho por doce de largo, sin ventilación adecuada.
Un testimonio crudo de sobrevivencia y sufrimiento compartido
Shoham relató cómo llegó al kibutz Be’eri el 5 de octubre de 2023 junto a su esposa, Adi, y sus dos hijos pequeños, Yahel y Naveh, para pasar un fin de semana con los padres de Adi. El 7 de octubre, tras esconderse con su familia en una habitación segura mientras sonaban las sirenas, terroristas de Hamás irrumpieron y lo secuestraron, separándolo de su esposa e hijos.
Durante los primeros 50 días estuvo “en aislamiento, encadenado y hambriento”. Recordó ese período como un tormento físico y emocional: “No era hambre ordinaria, sino hambre de supervivencia, donde una migaja se convierte en todo tu mundo, y el cuerpo duele por la falta de comida”.
Aquel dolor aumentaba con la incertidumbre sobre su familia. Al quincuagésimo día recibió una carta de Adi: ella y los niños también habían sido secuestrados, pero serían liberados en un acuerdo. Esa noticia le dio fuerzas para continuar.
En el día 34, Shoham fue trasladado a una celda donde encontró a Guy Gilboa-Dalal y Evyatar David, rehenes tomados en el festival de música Nova. “Dos esqueletos humanos entraron en mi habitación”, relató. “Estaban destrozados: atados con bridas durante más de un mes, golpeados, obligados a mirar a una pared con bolsas en la cabeza”.
Condiciones inhumanas y tortura sistemática bajo control de Hamás
Desde ese momento, los tres compartieron celda durante el resto del cautiverio. “Durante 505 días, rara vez no moríamos de hambre”, dijo Shoham. “Muchas veces recibimos solo un pan de pita para todo el día. Rogábamos por comida, halagábamos a los captores, llegamos a darles masajes a cambio de migajas”.
Describió cómo contaban cada grano de arroz para repartirlo con equidad. Mientras tanto, los terroristas tenían comida fresca, frutas y verduras. La celda donde vivían medía un metro de ancho por doce de largo, con cuatro personas encerradas. Tenían solo un agujero como retrete y una puerta de hierro que los aislaba del exterior.
“La humedad dejaba nuestros colchones y ropa siempre mojados. Sudábamos, nos asfixiábamos, sin ventilación ni oxígeno”, relató. “Una deficiencia grave de vitamina C nos dejó inmóviles durante mes y medio. Las piernas de Evyatar y las mías se inflamaron hasta que no podíamos movernos”.
“Los guardias eran sádicos. Nos torturaban a diario. A veces, la oscuridad era tan profunda que no podíamos ver nuestras propias manos”, denunció Shoham. “Mientras tanto, al lado, los captores disfrutaban de habitaciones con aire acondicionado, luz y comida”.
La propaganda de Hamás y el llamado a actuar ante la comunidad internacional
Tras su discurso, Shoham mostró un video propagandístico grabado por Hamás durante su liberación. En él se observa cómo los captores obligaron a Gilboa-Dalal y David a ver cómo Shoham era liberado, mientras ellos permanecían en cautiverio.
Junto a él hablaron también los padres de Gilboa-Dalal y David, quienes reiteraron el llamado a la acción para lograr la liberación de sus hijos. Shoham concluyó señalando que el mundo debe tener una posición firme contra el terrorismo, sin ambigüedad moral.
“Mientras el mundo tolere el terrorismo, no habrá paz en Oriente Medio”, advirtió. “Solo cuando se deje de aceptar el uso de rehenes como herramienta política, la paz será una posibilidad real”.