PREGUNTA: Recientemente ha escrito sus memorias en el libro Imaginar la vida. ¿Qué etapa le ha marcado más, la de abogada, la de jueza o la de política de primer nivel?
RESPUESTA: En la vida hay un proceso acumulativo. Las vivencias te las llevas a las siguientes etapas. Yo nunca hubiera sido como fui sin ser abogada laboralista desde muy joven y haber visto las dificultades de la clase obrera. Eso me hizo darme cuenta de que todas las instituciones tienen que estar hechas a medida de los más vulnerables.
Dice que las experiencias acumuladas se las lleva a la siguiente etapa. ¿Qué experiencias se ha llevado de la política a la etapa actual?
La política me ha servido muchísimo para darme cuenta de la necesidad de hacer un proceso muy importante para cuidar la democracia. Para mí cuidar la democracia es, sobre todo, estar pendiente de ella. La democracia la tenemos que analizar, la tenemos que cuidar, porque está muy anticuada. Está llena de hojas amarillas.
¿Hojas amarillas?
Me refiero a que la democracia no está cumpliendo el objetivo fundamental, que es ser el instrumento de participación de todos los ciudadanos. Un ejemplo llamativo es el de las leyes por iniciativa popular, que deberían tener un apoyo inmediato en los congresistas. Son los propios ciudadanos los que han realizado una actividad legislativa que probablemente el Congreso de los Diputados no ha hecho. Desde hace cuatro o cinco años hay una ley por iniciativa popular que plantea una realidad evidente: no podemos tener personas inmigrantes sin darles la posibilidad de trabajar. Esa ley la han firmado casi un millón de personas, está admitida en el Congreso, pero está parada. La democracia no solamente son los partidos: lo es también la participación ciudadana, como dice el artículo 9 de la Constitución.
La ultraderecha está ganando terreno a nivel mundial. ¿Era un escenario previsible, según usted?
Para mí, no. Pero es un indicativo de que la democracia no ha sabido profundizar lo suficiente como para que todas las personas, por encima de todo, defiendan ese sistema completamente racional de gobernarse.
«Si se comete un error como el de la dana no se puede seguir siendo presidente de la Comunidad»
¿El clima político actual era previsible?
Cuando yo me marché del Ayuntamiento de Madrid ya había vivido esa situación absurda de que en los plenos haya descalificaciones por parte de unos y otros. Me parece incomprensible. No tiene sentido.
Por otra parte, la izquierda alternativa al PSOE, un espacio en el que usted jugó un papel protagonista, no se encuentra en su mejor momento. ¿No lo ve así?
Creo que, desde un primer momento, esa nueva izquierda tuvo, quizá no de manera expresa pero sí de una manera sensible, una vocación de transcender el concepto de la izquierda y ser algo amplio y transversal para que fuera una alternativa de progreso. Y en cierta medida eso no se ha sabido hacer. El afán de que la etiqueta estuviera presente ha obviado la necesidad de hacer algo que transcendiera de las etiquetas, precisamente.
¿A quién acusa más de eso, a Sumar o a Podemos?
A nadie. Creo que es general.
Manuela Carmena durante su visita a Alicante. / Jose Navarro
¿Cómo valora la evolución de Sumar y de Yolanda Díaz?
Me parece que ella tenía clara esa idea de hacer algo más allá de los partidos políticos, pero no le ha sido posible. Quizá tendría que haber trabajado más a largo plazo. A veces tenemos mucha necesidad de ganar elecciones pronto, y a lo mejor hay que hacer un trabajo con el que se tarde en ganar elecciones.
¿Le ha afectado la situación de Íñigo Errejón?
Sí. Lo he sentido mucho. Realmente, no esperaba que él tuviera una actitud que le haya llevado a unas consecuencias tan desastrosas como la de estar prácticamente apartado de todo. De todas maneras, pienso que los delitos (si los hay, que no lo sé) en la materia de la relación entre hombre y mujer son reprochables y tienen que tener la sanción correspondiente. Pero lo que no puede ser es que las personas que los cometan sean expulsadas de la sociedad. Siempre he creído profundamente en la reinserción.
¿Cree que la izquierda alternativa al PSOE está a tiempo de reconfigurarse con solvencia de cara al próximo ciclo electoral?
No lo sé.
Dentro de este espacio, además, hay muchas voces críticas con usted, especialmente de Podemos. ¿Las entiende? ¿Las esperaba?
Las comprendo. Es difícil aceptar las críticas. Sería más fácil afrontarlas si hubiera más intercambio de opiniones, y no las ha habido. Pero no me preocupan. Entiendo que las críticas siempre son buenas.
En cuanto a su etapa como alcaldesa, usted reflexionaba hace poco sobre la importancia de que los alcaldes no tengan altos cargos orgánicos en el partido. ¿Por qué?
Creo que es muy peligroso que un alcalde pierda la perspectiva de que tiene que gobernar para todos de verdad: para los que le han votado y los que no. Si el alcalde se identifica fundamentalmente con los argumentarios de su partido empieza a dar la espalda a muchos ciudadanos.
En clave autonómica, la situación políica en la Comunidad Valenciana está marcada por la dana, co fuertes peticiones de dimisión al presidente Carlos Mazón. ¿Qué piensa desde la distancia?
Me pareció impensable que, en un momento en el que había una situación de riesgo tan grande como la que se produjo el 29 de octubre, el presidente de la comunidad no estuviera absolutamente alerta y presente desde el minuto cero. Yo, cuando fui alcaldesa, cada vez que pasaba algo en Madrid estaba allí. Cuando se comete un error de esas características no se puede seguir siendo el presidente de la comunidad.
¿Qué habría hecho usted, de verse en esta situación?
Estar presente, por supuesto. Muchos ciudadanos vivieron la indiferencia de la persona que está arriba y no piensa que los demás están esperando una señal.
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