Las ciudades, conforme crecen, van adquiriendo formas que parece que no siempre siguen la lógica que imprimiría alguien sin ningún tipo de formación en arquitectura y/o urbanismo. A principios del siglo pasado, la industrialización de las urbes obligó a crear nuevos barrios para la floreciente clase burguesa que se adosaron a los cascos históricos y que se levantaron entorno a grandes avenidas arboladas y en forma, en muchos casos, cuadrangular. Al mismo tiempo surgieron en la periferia núcleos de población donde se asentaron gentes de clase obrera y procedentes del entorno rural. Pero a lo largo del siglo XX la cosa se puso interesante cuando de trazar un mapa se trataba y la influencia de las nuevas corrientes en materia urbanística dieron lugar a trazados cuando menos singulares. En Zaragoza, la urbanización del parque de Miraflores es buen ejemplo de ello.
Con sus formas hexagonales, esta urbanización que cuenta con 50 portales alberga casi 3.000 viviendas. Fue proyectada a finales de los años 60 después de la redacción de un plan parcial que fue el tercero que se propuso para esta zona de la capital aragonesa. Este entorno no sigue para nada las formas de las manzanas que se sitúan en su alrededores, definidas estas últimas como cuadrados sobre un mapa de ángulos rectos.
Pero, ¿por qué esa diferencia? Fue en los años 30 cuando se puso de manifiesto la necesidad de urbanizar el entorno de Miraflores, si bien los primeros diseños de la zona no llegaron hasta tiempo después. Según concretan tres arquitectos en un artículo científico publicado en 2016 (Tres propuestas, tres teorías urbanas: Barrio Miraflores; José María Ordeig, Abigail Sánchez y Elena Lacilla), fue en el año 1957 cuando el Ayuntamiento de Zaragoza pidió permiso al Ministerio de Vivienda para desarrollar esa macroparcela.
Las formas hexagonales son protagonistas en los edificios. / EL PERIÓDICO
Parte de los terrenos estaban precisamente en manos del ministerio, que buscaba construir en esta zona hasta 3.400 viviendas de carácter social para «paliar los efectos dramáticos de la inmigración que se estaba produciendo en Zaragoza», reza el artículo.
Los edificios, sobre el plano, se dispusieron en forma de L y llenaban todo el entorno, sin dejar espacio para el gran parque que hoy ocupa la parte central de la parcela. Sin embargo, esta propuesta decayó porque el resto de propietarios de los suelos no veían con buenos ojos que la totalidad de los pisos se destinaran a vivienda social, ya que esto les dejaba menos rentabilidad.
Las formas de Miraflores
Así, en 1967 surgió la segunda propuesta de ordenación, que dejaba espacio además para equipamientos dotacionales y cumplía con una de las premisas del ayuntamiento de la época: crear una gran zona verde. Por aquel entonces, Zaragoza contaba con 450.000 habitantes y el Parque Grande era la única gran zona verde de la ciudad. En este segundo planteamiento aparecieron ya los bloques de planta estrellada, un diseño influenciado por el movimiento moderno y que ya se había materializado en ciudades suecas.
Se propuso levantar varias torres altas con esas formas pero, al mismo tiempo, construir bloques rectangulares y dispuestos en paralelo. Ese plan parcial fue el que dio paso al definitivo, de 1969 y que dio lugar a la configuración que hoy presenta Miraflores. Se trata de dos hileras de viviendas con planta hexagonal que se van uniendo como si se tratara de un panal. En el centro queda un gran espacio libre, convertido en esa zona verde que ansiaba la ciudad pero que en la práctica son dos porque la calle Uncastillo, hundida sobre el terreno, la parte en dos.

El parque de Miraflores ha sido renovado recientemente en una de sus dos zonas. / EL PERIÓDICO
Hoy, el parque también parecen dos porque la parte más cercana al Camino de Las Torres luce mucho mejor que su gemela. Según explican los tres autores antes citados, esta forma de construcción no logró la integración de la zona verde interior con el resto de la ciudad, convirtiéndose casi en un jardín para los vecinos de Miraflores. En la conclusión de su artículo argumentan que los autores del plan parcial que dio lugar a esta configuración pecaron de teóricos. Se dejaron llevar por las corrientes urbanísticas de la época para crear la que es una de las urbanizaciones más grandes de Zaragoza. Toda forma tiene su porqué. Y esta es la explicación en este caso.