Arresto al editor del Jerusalem Post expone fallas del sistema legal

Desde luego, me sorprendió que el redactor jefe de The Jerusalem Post, Zvika Klein, viajara a Catar. No podía creer las alabanzas que dedicó a los cataríes, afirmando que son una fuerza moderadora y un pacificador que tiende la mano a Israel. No conozco a un solo experto en Catar —y conozco a muchos— que comparta esas opiniones. Estoy convencido de que fue un error grave de juicio editorial por parte de Klein el dejarse utilizar por los cataríes y, peor aún, aceptar y repetir con tanto entusiasmo los relatos que le contaron. Los artículos que escribió Klein reflejan, en muchos sentidos, la decadencia de The Jerusalem Post, que pasó de ser una publicación respetada a tener la lamentable reputación de ser un medio que publica a cambio de dinero. Eso se refleja claramente en sus conferencias y en su revista Jerusalem Report. Dicho esto, el arresto e interrogatorio de Klein —a quien conozco y considero una persona decente y honesta— fue injustificado, sin base legal. Incluso si hubiera recibido dinero por escribir cosas positivas sobre Catar (cosa que no ocurrió), eso no debería constituir un delito. The Jerusalem Post es una entidad comercial, no un organismo gubernamental. Pero lo más importante es esto: que el sistema legal y la fiscalía del Estado de Israel puedan arrestar e interrogar a un periodista por no aprobar lo que escribió es propio de un estado policial marxista. En el marco de la… Leer más

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