Icono del cine y el teatro, José Sacristán (Chinchón, 1937) regresa este sábado a Murcia con La colección, texto de Juan Mayorga. La herencia y el amor están en la raíz de esta pieza, que se podrá ver sobre las tablas del Romea; espacio que el veterano intérprete compartirá con Ana Marzoa. Él mismo nos cuenta algo más de la obra y, por qué no, de su obra (y de su vida).
¿Sobre qué reflexionará el espectador que se anime a entrar en La colección?
Somos depositarios de todo lo que ha ocurrido antes, no solo de obras de arte que se coleccionan, se juntan o se almacenan, también de nociones, dolores, amores, vida, muerte… Este tránsito, este considerar que también nosotros somos objetos de colección, es sobre lo que la obra de Mayorga planea.
¿Qué herencia recibió José Sacristán de los suyos?
Una herencia formidable, lo que más me importa: el sentido del respeto, el amor y una idea de la justicia que me ayuda a seguir hacia adelante.
¿Y cuál dejará usted a sus familiares?
No ando muy pendiente de herencias, pero te lo contaré con un chascarrillo. A mí me gusta pasear después de una función y haciendo Señora de rojo sobre fondo gris [adaptación teatral de la novela homónima de Miguel Delibes] en Tarifa, dos muchachos se me quedaron mirando un rato hasta que uno de ellos se me acerca, me reconoce y me dice: «¡Claro, usted es el que hacía reír en las películas antiguas!». Ya tengo epitafio.
¿Cuándo? Sábado, 20.00 horas
¿Dónde? Teatro Romea, Murcia
¿Precio? 15-22 euros
Hay quien ve en el coleccionismo un bálsamo frente a la angustia del tiempo y la muerte.
Sí, pero yo no tengo esa… Yo conservo mis cromos de cuando era niño y recuerdos de programas antiguos de cine. Creo que el coleccionismo llevado a ciertos extremos es algo peligroso porque en definitiva todo aquello que poseemos acaba poseyéndonos de una manera u otra.
¿Qué actores, actrices o películas fueron los reyes de su colección de cromos?
La actriz María Montez, los actores Sabú y Jon Hall, las películas de Universal sobre Las mil y una noches, La reina de cobra, Sudán: la reina del Nilo…
Un actor también es un coleccionista, de personajes en su caso.
Más bien lo contrario, porque uno se hace cargo de ellos y va a por otro, y a por otro… Hay una promiscuidad en el trabajo del actor, después de ser Yago puedes ser Otelo.
¿Una colección siempre es la prolongación de uno mismo?
Yo creo que no, yo no lo vivo así. Coleccionamos a lo largo de la vida, pero no almacenando. Coleccionar es aumentar, multiplicar, recoger, ampliar nuestro modo de sentir y de pensar. Uno lee un libro y almacena o colecciona el pensamiento de su autor, o escucha una música y colecciona ese sentimiento.
El mundo de los coleccionistas también es un mundo de fuertes deseos. ¿Qué desea José Sacristán con vehemencia?
A estas alturas deseo con vehemencia seguir vivo y que la naturaleza no me humille, que no me ponga zancadillas y me permita llegar hasta el final. Que mi vida y mi trabajo sigan yendo de la mano.
¿Por dónde le atrapó el texto que le envió Juan Mayorga?
Saliendo de Miguel Delibes es formidable encontrarse con Mayorga, como ejercicio, como aventura, como curiosidad. Desde esta cosa horizontal o vertical de Delibes, del reconocimiento, la proximidad, lo cercano, entrar en esta cosa oblicua y un tanto distante de cogerle de las orejas al personaje de Mayorga.
¿Cómo es el Juan Mayorga director?
Es generoso y acepta opiniones y comentarios.
¿Qué le ha revelado un personaje como Héctor?
Revelar a estas alturas, poca cosa, pero algo añade, algo suma: la fragilidad ante la belleza, la incapacidad de crear y al mismo tiempo estar sacudido por la emoción que te produce la belleza. La mayor grandeza de Héctor es el reconocimiento de su debilidad, tener la lucidez del perdedor.
En la obra trabaja con Ana Marzoa. ¿Qué la convierte en una actriz formidable?
Trabajar con ella es un lujo, tenemos una complicidad magnífica. Ana Marzoa es una actriz inmensa.
¿En qué coinciden sus personajes?
Son marido y mujer, y coinciden en la valoración, les importa la belleza y el acontecer humano. Les diferencia el carácter.
Su personaje reconoce en un momento que «hay que hacer la colección como si se fuese a acabar el mundo, elegir lo necesario. Cuanto menos, mejor». ¿Al final hay que quedarse con lo esencial?
Conviene, lo que pasa es que lo esencial no es lo mismo para todos. Había un viejo en mi pueblo, el tío Tomás, que era analfabeto, y decía cosas como «lo primero es antes».
«Como si se fuese a acabar el mundo», le repito. ¿Cree que de eso se encargara Donald Trump?
Está muy capacitado para ello, es un experto. Que la primera potencia mundial haya elegido por inmensa mayoría a este energúmeno es preocupante y lamentable.