El Su-34 Fullback ha sufrido pérdidas significativas en Ucrania, revelando limitaciones técnicas, doctrinales y logísticas en la aviación militar rusa.
El Su-34 no logra cumplir su rol estratégico en la guerra moderna
El Sukhoi Su-34 Fullback, introducido en 2014 por las Fuerzas Aeroespaciales Rusas (VKS), fue concebido como una solución avanzada para misiones tácticas y de interdicción. Con base en el diseño del Su-27 Flanker, este cazabombardero de dos asientos ofrece capacidad para portar hasta 12 toneladas de armamento, y cuenta con un alcance de combate de 1.100 kilómetros. Sin embargo, a pesar de sus características técnicas, su desempeño operativo ha revelado vulnerabilidades críticas.
Desde su despliegue inicial en Siria en 2015, donde operó en escenarios de baja intensidad, el Su-34 fue presentado como una herramienta eficaz para ataques de precisión. No obstante, su comportamiento en un entorno de combate de alta intensidad como el conflicto en Ucrania ha evidenciado limitaciones estructurales en diseño, tácticas y capacidad de supervivencia frente a defensas modernas.
El Fullback, con velocidad máxima de Mach 1.8 y cabina lateral blindada, parecía diseñado para resistir, pero ha sido superado por los retos operacionales actuales. La guerra en Ucrania, caracterizada por el uso intensivo de drones, MANPADS y sistemas antiaéreos occidentales, ha expuesto sus carencias, afectando de forma directa a la imagen de la aviación táctica rusa.
Las cifras son contundentes: al menos 36 unidades del Su-34 han sido destruidas desde febrero de 2022, lo que representa más de un 25% de la flota activa antes de la invasión, según registros de fuentes abiertas como Oryx.
Pérdidas y fallos del Su-34 Fullback en la guerra de Ucrania
- Al menos 36 aviones Su-34 han sido destruidos desde 2022
- Velocidad y maniobrabilidad insuficientes ante defensas aéreas modernas
- Dificultades para evadir misiles guiados y drones de ataque
- Producción anual no supera las 10 unidades, insuficiente para reponer bajas

La estrategia aérea rusa no logra mitigar la exposición del Su-34
En combate real, el Su-34 ha sido empleado mayoritariamente a bajas y medias altitudes con municiones no guiadas equipadas con kits de planeo UMPK. Esta estrategia lo ha vuelto especialmente vulnerable frente a misiles de corto y medio alcance, una condición agravada por sus limitadas capacidades aire-aire.
Los esfuerzos de modernización con la variante Su-34M, aunque incluyen mejoras en radar y armamento, no han sido suficientes para contrarrestar las amenazas del entorno operativo actual. La integración de sistemas de guerra electrónica no ha logrado proteger eficazmente al Fullback de los Patriot, IRIS-T y F-16 que Ucrania ha comenzado a operar, elevando aún más los riesgos para estos aparatos.
La respuesta de la industria aeronáutica rusa tampoco ha sido adecuada. A pesar de que la United Aircraft Corporation (UAC) sigue produciendo nuevos ejemplares, las sanciones impuestas desde 2022 han restringido el acceso a componentes críticos. El ritmo de producción no supera los 10 Su-34 anuales, frente a una tasa de pérdidas que se mantiene elevada, lo que evidencia una creciente incapacidad logística para sostener la flota.
Además de su fragilidad ante sistemas defensivos, el Fullback también ha sido objeto de ataques directos a bases aéreas, donde ha sido alcanzado por misiles ATACMS y drones, lo que ha incrementado su vulnerabilidad incluso en tierra.
Un diseño obsoleto ante las exigencias del entorno multidominio actual
A pesar de sus sistemas de contramedidas electrónicas, el Su-34 no logra operar eficazmente en un entorno dominado por la guerra electrónica y la inteligencia en red. Su arquitectura heredada de la década de 1980, aunque robusta, se encuentra desfasada frente a plataformas occidentales más ágiles y adaptables.

El Fullback, aunque cuenta con una plataforma multirrol y una cabina ergonómica lado a lado, carece de integración plena en un sistema de combate interconectado. Esta limitación es especialmente visible frente a los cazas occidentales, que pueden compartir datos en tiempo real y operar con eficiencia bajo doctrina de guerra en red.
Rusia ha intentado presentar al Su-34 como una aeronave moderna, pero la falta de autonomía en su producción y los problemas estructurales de la doctrina VKS —como la dependencia de tácticas de ataque de baja altitud y la deficiente formación de tripulaciones— han reducido su eficacia en combate.
En operaciones aire-aire, el Su-34 incorpora armamento desde la guerra con Turquía en 2015, pero estos misiles no han demostrado paridad frente al armamento occidental. Su función principal como cazabombardero lo deja en clara desventaja ante amenazas aéreas modernas.
La proyección aérea rusa se resiente con la caída del Su-34
El debilitamiento del Su-34 repercute directamente en la capacidad de disuasión y ataque de la aviación táctica rusa. La pérdida de estos activos limita las opciones del Kremlin para llevar a cabo campañas aéreas sostenidas sin arriesgar pérdidas críticas.
En paralelo, la destrucción de aeronaves estratégicas como los A-50 de alerta temprana agrava la situación operativa. La incapacidad para lograr superioridad aérea reduce las posibilidades de ofensivas efectivas y socava la influencia rusa en el espacio aéreo ucraniano.
Mientras tanto, Ucrania continúa recibiendo asistencia tecnológica y armamentística de Occidente. La introducción de cazas F-16, sistemas NASAMS, y radares modernos representa un salto cualitativo en sus capacidades defensivas y ofensivas, haciendo aún más incierto el futuro del Su-34 en este teatro de operaciones.

Ni la retórica oficial ni la propaganda estatal rusa logran ocultar el hecho de que el Fullback, pese a su robustez teórica, ha quedado rezagado ante las exigencias de una guerra moderna dominada por drones, guerra electrónica y defensas integradas. La modernización parcial con la variante Su-34M no compensa sus carencias doctrinales ni su arquitectura obsoleta.
En definitiva, el Su-34 Fullback ha pasado de ser un símbolo de poder aéreo a un indicador de las limitaciones estructurales de la aviación militar rusa. Su rendimiento en Ucrania ha dejado en evidencia que el diseño heredado de la Guerra Fría no basta en conflictos contemporáneos. El Kremlin enfrenta ahora el reto de sostener una flota en desgaste acelerado, mientras sus adversarios consolidan ventajas tecnológicas y operativas en el espacio aéreo del siglo XXI.
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