«Se había ahogado con su propio vómito. No pudimos hacer nada”, contaba, destrozada, Ramona, la madre adoptiva de la niña de 5 años asesinada en Llano de Brujas, en Murcia, a manos, presuntamente, del exnovio de la mujer, Jesús J.G., un sujeto que fue detenido horas después en Torrevieja.
El crimen de Llano de Brujas sería un nuevo caso de violencia vicaria en el que el sujeto tuvo como fin hacerle daño a la que había sido su compañera sentimental. Jesús J. G., alias Suso, tras perpetrar el crimen, escapó y fue detenido horas después en la vecina provincia de Alicante, en concreto en Torrevieja. El cadáver lo descubrieron los padres del sospechoso, que también viven en ese piso.
Ramona, junto a una decena de allegados, se desplazó a la Glorieta para estar presente en el minuto de silencio en memoria de Nadia, de quien tenía la custodia y a quien había criado. La mujer explicó que Jesús le llamó y le dijo: “La niña ya está en el cielo”. “Me mandaba mensajes de que me iba a matar, que me iba a quemar”, subrayaba Ramona.
Los allegados de Ramona e Isabel comentaban en la Glorieta que Jesús “para hacerle daño a ella, se ha cargado a la cría”, y que “la niña lo llamaba papá”. “¡Ese no tiene nada de loco, ese es un sinvergüenza! Se ha arrimado a la criatura, a la más débil, ¡que le has quitado la vida a mi prima, nos has quitado la vida a todas! Que no lo refugien en las cárceles, anoche estaba drogándose en Torrevieja, de heroína”, chillaba Paqui, pariente de la familia. «Por favor, a todos los jueces y fiscales, condena irreversible, que no vea más la luz de la calle, nos ha quitado la vida», se desgañitaba Paqui.