Si el escándalo del ‘Signalgate’ no había sido lo suficientemente bochornoso para la Administración de Donald Trump este martes se ha abierto el ‘Gmailgate’. Según ha revelado ‘The Washington Post’, el asesor de seguridad nacional Mike Waltz, el mismo que invitó al periodista y director de la revista ‘The Atlantic’, Jeffrey Goldberg, a un chat en el que se trató el ataque a hutíes en Yemen, usó su cuenta personal en el correo electrónico de Google para llevar a cabo asuntos oficiales.
El ‘Post’ ha basado su información en documentos que ha podido revisar y en entrevistas con tres fuentes del gobierno, que mantienen el anonimato. Y ha podido comprobar que tanto Waltz como al menos uno de sus ayudantes usaron gmail para comunicaciones oficiales.
En concreto, el ayudante de Waltz usó el servicio comercial de correo de google para mantener “conversaciones de alto contenido técnico” con colegas de otras agencias. En ese diálogo, según el diario, se habló por ejemplo de “posiciones militares sensibles“ y de “potentes sistemas de armamento relacionados con un conflicto en marcha”.
El propio Waltz, siempre según el diario, usó el correo electrónico comercial para mantener conversaciones que tenían información menos sensible pero que también podría haber sido explotada en caso de caer de manos interesadas, como sus horarios y otros documentos de trabajo.
Brian Hughes, un portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, ha asegurado al diario capitalino que Waltz “no envió y no enviaría información clasificada en una cuenta abierta” de correo electrónico.
En la cuerda floja
El asesor de seguridad nacional de momento ha resistido el escándalo de Signal, la aplicación de mensajería donde él creó el grupo para discutir el ataque a los hutíes en Yemen, un chat donde invitó sin darse cuenta a Jeffrey Goldberg, el director de ‘The Atlantic’.
Trump en público ha defendido a Waltz como «un buen hombre» y le ha mostrado su respaldo. En privado, no obstante, la relación es menos estable.
Trump llegó a mantener el miércoles pasado una reunión con, entre otros, su jefa de gabinete, Susie Wiles, y el vicepresidente, JD. Vance, donde se planteó si mantener a Waltz en su gobierno. Decidió hacerlo pero dijo a su equipo que lo hacía para no dar oportunidad a los medios progresistas de hacer sangre contra su gobierno.