El turismo juega un papel cada vez más fundamental en Aragón. Los viajeros han colocado dentro de su hoja de ruta una o varias paradas en la comunidad y van mucho más allá de un corto rato en Zaragoza para ver la Basílica del Pilar y comer unas tapas en El Tubo. La belleza de los pueblos aragoneses está traspasando fronteras y los nombres de Albarracín, Jaca, Alquézar, Tarazona son ya muy conocidos tanto en España como en Europa.
Y no solo los pueblos con un gran patrimonio natural o artístico reciben cada vez más visitantes, sino que algunos mucho menos conocidos también reciben algún que otro turista casi a diario. El turismo ha cambiado mucho y Aragón tiene mucho para ofrecer. Los municipios más pequeños también están haciendo un gran esfuerzo para atraer a los turistas hasta sus pocas calles. En plena lucha contra la despoblación en algunos pueblos de Huesca, Zaragoza y Teruel, el turismo sirve para reavivar una ilusión en el pueblo que se había perdido en los últimos tiempos con la sangría demográfica.
Una curiosidad que también puede servir para poder atraer visitantes hasta las fronteras de un municipio es la toponimia. El nombre del pueblo puede llamar la atención de un conductor cuando lee el cartel en la carretera y puede provocar que cambie su hoja de ruta para hacer una pequeña parada en el municipio. Aragón tiene una toponimia más que interesante en algunos pueblos: Triste, Lafortunada, La Cuba, Lagata, Atea, Moros, Codo…
El más gracioso
En la provincia de Huesca también encontramos el pueblo más gracioso de España. Se trata de Guasa, una pequeña localidad perteneciente al término municipal de Jaca que no supera la veintena de vecinos. No se sabe a ciencia cierta el motivo del nombre de este pueblo pegado a la A-23 a solamente tres kilómetros de la capital de La Jacetania. Según recoge la página web de la Comarca, Guasa podría proceder de la palabra de origen indoeuropeo gortia, que significa seto.
La historia de Guasa se remonta al siglo XI, aunque las noticias del pequeño pueblo son muy escasas. Hay un documento en el que aparece con el nombre de ‘Gossa’ en el que se refiere la donación de su iglesia por el rey Ramiro I a la catedral de Jaca. Mucho más adelante, Guasa formó parte del municipio de Ulle, aunque después figuró como cabecera junto a Badaguás, Barós y otros pequeños pueblos de la zona. Sin embargo, todas estas localidades pasaron a formar parte de los municipios de Jaca y Sabiñánigo.
Guasa está situada en la Val Ancha junto al río Gas, inmerso en un paisaje de campos de cereal y pequeñas huertas. El casco urbano está dividido en torno a dos ejes, la calle de la Iglesia y la calle Mayor. Además, al oeste se encuentra la línea ferroviaria de Canfranc-Zaragoza.
La Iglesia Parroquial de San Sebastián es uno de los edificios más destacados de Guasa. Aunque en un principio fue un templo románico, se reconstruyó en barroco entre los siglos XVII y XVIII. Uno de sus elementos más interesantes para el viajero es su retablo mayor. Otro de los templos de Guasa es la ermita de la Virgen del Rosario.
Tradición ligada a Jaca
La arquitectura popular de Guasa está formada por varias casas como la Casa Casanova, con un granero en dos plantas. Según la Comarca de la Jacetania, otros edificios interesantes son Casa Lacué, Casa Bonis y Casa Simón, así como las antiguas escuelas, rehabilitadas como centro social; la vieja herrería y la fuente.
Iglesia parroquial de Guasa / TURISMO DE ARAGÓN
Uno de los momentos más especiales de Guasa es el 25 de junio. Una fecha marcada en el calendario de los jacetanos por la romería para venerar a Santa Orosia. Según la tradición, fue en Guasa donde el pastor Guillem reposó en su camino para depositar el cuerpo de la santa en la ciudad de Jaca. Para conmemorar este hecho, el día 24 de junio, día de San Juan, los romeros antes de partir a la catedral de Jaca se reúnen en Guasa donde son obsequiados con queso, pan y vino.