El pleno del Parlamento de Canarias resultó menos insoportable de lo habitual gracias a una conjunción astral de equívocos, disputas y noticias judiciales que animaron el cotarro, de modo que repentinamente, en media docena de ocasiones, el salón de plenos fue más interesante que la calle Teobaldo Power y su amplia oferta cafetera y tabernícola.
Ya en la primera jornada diputadas como Nira Fierro habían ensayado la agresión coral dirigiéndose al grupo parlamentario del PP para espetarles que «ustedes no sirven para nada», pero la cosa fue a mayores al día siguiente: una crispación extraña que, sobre todo, se ha apoderado de la oposición. El PSOE y Nueva Canarias deberían pasar ya a la fase de alivio de luto por no seguir en el Gobierno. Hace más de año y medio fueron apeados del Ejecutivo. Quizás sea hora que admitan serenamente que están en la oposición, y no es una catástrofe. Una catástrofe es lo que le ocurrió en 2023 a Unidas Podemos o lo que le puede ocurrir a Román Rodríguez en 2027 gracias a la denodada batalla que ha emprendido para destruir a Román Rodríguez.
Nira Fierro, Elena Máñez y Poli Suárez, en el Parlamento de Canarias. / Andrés Gutiérrez Taberne / ELD
La archiduquesa
La consejera de Hacienda, Matilde Asián, no abandonó su habitual actitud de gentil archiduquesa del Imperio Austrohúngaro para responder varias preguntas de la gleba. Por ejemplo, a Esther González, que le pidió sardónicamente una valoración de la ejecución parlamentaria de 2024. La oposición insiste que más de1.200 millones de euros se quedaron sin utilizar. Asián se puso didascálica, que es lo que más enfurece a la señora González, quien no encuentra ninguna diferencia apreciable entre la capacidad económia de Keynes y la suya.
La responsable de ese porcentaje es fundamentalmente la regla de gasto, que la consejera insistió, como siempre, en que debe ser flexibilizada. Sobre la quita de la deuda autonómica también preguntaron Casimiro Curbelo -parecía sacar una curiosidad intelectual- y Fernando Enseñat, que solo buscaba una excusa para emprenderla contra el PSOE desde los tiempos de Primo de Rivera. Javier Nieto, de Vox, también pregunto algo (incomprensible) sobre el AIEM.
La tortura
Después se desplegaron como un pergamino varias comparecencias, un instrumento de tortura que, afortunadamente, la Santa Inquisición jamás llegó a utilizar. Entre las interpelaciones se discutió entre la consejera de Sanidad, la señora Monzón Monzón, y el sacrificado diputado socialista Pérez del Pino, acerca de la situación laboral de los ópticos-optometristas en el Servicio Canario de la Salud, una prueba indubitable de que el Parlamento está en todo.
La interpelación de Manuel Hernández Cerezo buscaba que el Gobierno le contase lo que estaba haciendo para contribuir a redestribuir mejor la riqueza que genera el sector turístico, y en esta ocasión Matilde Asián respondió como el mago Pop cuando le piden que explique sus mejores trucos: un día, cuando sea mayor, igual te lo cuento. El cronista intentó entender la disertación de la consejera de Universidades, Ciencia e Innovación sobre los objetivos de la política universitaria del Gobierno, pero sinceramente no lo logró, y no le consuela que su fracaso se compartiera entre todos los diputados presentes.
La bisutería
El capítulo final, siempre dedicado a la bisutería de las proposiciones no de ley, estuvo sabrosón. A los de Vox se les habría ocurrido redactar una PNL exigiendo la derogación de las leyes trans -la estatal y la canaria- y todos los grupos, sin excepción, se lanzaron a degüello, aunque, como suele ocurrir, el mejor discurso -ajustado, preciso, documentado- fue el de Elena Máñez. Los tres diputados voxistas sonreían encantados.
No sé cómo los grupos parlamentarios siguen picando en estas provocaciones: es lo que Vox anhela cuando registra estas melonadas sulfúricas. No queda más remedio que deducir que a los partidos democráticos les pone condenar justicieramente a una fuerza política universalmente detestable. La tentación es demasiado grande. La votación de la PNL fue unánime, salvo por los tres votos de los ultras. El pleno estalló en un prolongado y entusiástico aplauso, como si sus señorías le hubieran parado las patas a Hitler en la frontera de Polonia.

El diputado del grupo de Nueva Canarias-Bloque Canarista,Yone Xarach Caraballo, interviene en el Parlamento de Canarias que este miércoles celebra sesión plenaria. / Ramón de la Rocha / EFE
El gamberrete faltón
Además de proposiciones sobre el juego de dominó en Canarias -todos los diputados participantes se convirtieron fugazmente en etnógrafos- y sobre el Día Internacional de la Mujer, la presentada por Yone Caraballo para reconocer la industria pesqueras en Lanzarote a través de la creación de un Museo del Mar en Arrecife creó follón. Simplemente por el comienzo de la exposición del diputado de NC, señalando al grupo de Coalición Canaria: «Son ustedes unos sinvergüenzas».
Gritos estupefactos entre los coalicioneros y su portavoz, José Miguel Barragán, se levanta como un resorte: «Ruego a la presidenta que ponga orden y evite insultos y le transmito al portavoz de NC que o retiran esas palabras o quedan rotas las relaciones entre ambos grupos». Caraballo puso carita de inocente sorprendido, una de sus especialidades, y tras una rapidísima mirada a Luis Campos, retiró la frase y la sustituyó por «ustedes no tienen vergüenza».
Caraballo pretende ir de Gabriel Rufián, aunque sufre de muchas neuronas menos y algunos kilos más. Es ya un poco hastiante el truco de pasarse de listo haciéndose el bobo, el bobo sincero, el bobo puro corazón popular, el bobo identitario.

La diputada del grupo de Nueva Canarias-Bloque Canarista, Carmen Hernández (d), conversa con el diputado de Vox, Nicasio Galván, durante el pleno del Parlamento de Canarias que se celebra este miércoles. / Ramón de la Rocha / EFE
El facha herido
La presidenta de la Cámara, Astrid Pérez, lo llamó al orden, y el portavoz de Vox, Nicasio Galván, se quejó desde su escaño amargamente porque nadie lo ha defendido de los insultos de otros diputados, y Pérez lo hizo callar recordándole que jamás había pedido el amparo de la Presidencia.

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo (d), conversa con la diputada de Coalición Canaria Ana Oramas (i), durante la segunda jornada del pleno del Parlamento de Canarias. / Ramón de la Rocha / EFE
La buena noticia
Al mediodía había llegado una buena noticia. El Tribunal Supremo dictaba como medida cautelar que el Gobierno central estaba obligado a acoger y atender los trámites del millar de menores migrantes que, en Canarias, habían solicitado asilo político. No hubo aplausos. No hacían falta.
Suscríbete para seguir leyendo