Paradojas de la historia

Un amigo me pidió recientemente la revisión de un texto, para agradecer el trabajo me regaló De mayo del 68 a la cultura woke (Ediciones Palabra, 2024, 190 págs.), de Pablo Pérez López, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Navarra y director científico del Instituto Cultura y Sociedad. En este libro, ofrece una buena síntesis sobre el tema que le da el título, de modo que la historia –los hechos y sus consecuencias– ayude a reflexionar sobre el presente y a afrontar el futuro. Aunque se ha generalizado hablar de mayo del 68, al referirse a aquellos acontecimientos revolucionarios del siglo pasado, el origen está en Estados Unidos e incluso, como señala Pablo Pérez, más remotamente, en el periodo de entreguerras.

Es cierto que, en París, la revuelta produjo una notable conmoción y crisis política -muy bien descrita en los capítulos tercero y cuarto-, de la salió ganador el general De Gaulle (sobre el que el autor ha escrito una excelente biografía). Sin embargo, se da la paradoja de que el fracaso político de aquel momento fue un espejuelo, porque después vinieron unos cambios sociales radicales que mucho han influido en la política del mundo entero hasta hoy, sobre todo en la de los países más desarrollados: revolución sexual, ajena a la responsabilidad y al compromiso, prioridad del deseo por encima de todo, narcicismo, relativismo, que se ha manifestado en las leyes sobre los anticonceptivos, el divorcio, el aborto, la eutanasia, la familia…: la herencia del 68 tuvo más que ver con la forma de vivir que con la política, y por eso su influencia política es más honda de lo que parece, porque llega a ser real a través de la transformación de los comportamientos personales (pág. 112).

Muy interesante es el papel que en todo esto ha jugado la publicidad (también el cine, la televisión, la literatura…), que, con afán consumista, sin embargo, ha sabido atraer a la sociedad entera hacia muchas de las reivindicaciones de las revueltas de Berkeley, Nanterre, etc. De hecho, la generación de la protesta ha sido probablemente la más consumista de la historia, en lo que también influyó la alta natalidad de aquellos años, y muchos de sus líderes pasaron de las comunas de jipis a vivir como buenos burgueses y a afiliarse a partidos políticos más o menos afines a sus ideas.

Muy acertados me han parecido los dos capítulos últimos del libro, en los que Pablo Pérez se centra en la ideología woke, impositiva, canceladora y ajena a la búsqueda de la verdad, y con la que se quiere imponer la mediocridad. Sin embargo, no se queda en la lamentación o en la mera reflexión sobre lo sucedido, sino que sugiere algunos enfoques que permitan superar la crisis que a todos afecta.

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