De regalo en regalo hasta la derrota final, la sexta en los siete últimos partidos. Y es que el Girona ha perdido el encanto, atrapado como quedó en esa autodestrucción vivida en Montilivi que desencadenó su caída ante el Getafe. Cuando no es Krejci, imperdonable su fallo en el 0-1, es Gazzaniga, incapaz de atrapar el balón en el 1-2 de Borja Mayoral, un suplente que solo necesitó 19 segundos para marcar un gol.
Además, el prometedor debut de Arthur, ya en la segunda mitad, vino justo cinco minutos anes de que el VAR decretara la expulsión de Yangel Herrera, autor de un estéril precioso gol en el 1-1 y baja ya confirmada para el Bernabéu, mientras Míchel se desesperaba porque su equipo no entendió lo que demandaba el partido. Si acaso jugó mejor con 10 que con 11.
El Girona entró perdiendo el partido. Era cuestión de tiempo. Ni tres minutos necesitó el Getafe para obtener el botín. A Uche le correspondió el honor de firmar el primer tanto en una jugada que retrató la debilidad defensiva del equipo de Míchel. Más bien candidez, inocencia y torpeza.
Todo fusionado en esa acción de Krejci que tan bien tenía estudiada Bordalás. Apretó el conjunto madrileño en la presión con hasta tres jugadores intimidando el área de un sorprendido Gazzaniga. Ahí encontró el tesoro porque al central checo se le ocurrió dudar en ese pantano y acabó sumergido en el barro para desesperación de Míchel ya que Juanmi le robó la pelota. No es el primer gol que regala el Girona esta temporada. Ni tiene pinta de que sea el último.
«Esto es fútbol, papá«, le estaba diciendo Bordalás a Montilivi al tiempo que diseñaba una táctica que le salía de maravilla. Doble lateral en cada banda, atasco de medio centros y la lección bien aprendida. Era una doble pared de hormigón armado.
Un Girona atascado
Necesitaba el Girona una tuneladora para traspasar esa frontera física. A los 20 minutos de partido, Stuani, el ‘nueve’ elegido por Míchel por las lesiones de Abel Ruiz y Danjuma, solo había tocado tres veces la pelota. Síntoma de la desconexión que había en su juego, entre otras razones porque el Getafe, con una presión astuta, ensuciaba la salida del balón. O sea, le apagaba la luz al Girona de tal manera que era Gazzaniga el encargado de iniciar la jugada de ataque provocando regalos que llevaban la taquicardia a la nerviosa grada de Montilivi.
Tan solo los barrocos regates de Bryan Gil aportaban algo de claridad a una noche enrevesada y con mala pinta desde el inicio por el regalo ‘krejciano’. El origen estaba en la banda izquierda del ataque. En la derecha, Tsygankov, y sus centros con la zurda, no encontraban, sin embargo, a ningún rematador. Y se iba consumiendo la primera mitad sin que el Girona encontrara el atajo para desarbolar a un Getafe que se sentía cómodo. Cómodo y tranquilo porque no recibía ni un rasguño. Ni siquiera en faltas en la frontal del área como la que desaprovechó Tsygankov.
Y, además, se veía a un Míchel pasivo, más que de costumbre. En demasiadas ocasiones con los brazos curados y la mirada perdida en lo que sucedía sobre el césped. O en lo que creía que debía ocurrir y no ocurría. Pasivo y enfadado andaba el técnico de Vallecas porque veía a su equipo fuera de sí.
De regalo en regalo
Desquiciado y desubicado estaba el Girona que entraba en el territorio ‘bordalasiano’, dícese de aquel lugar donde una vez obtenida la fortuna del gol de Uche pues se juega cada vez menos. El problema no era, sin embargo, ese. El problema estaba en el interior del propio equipo de Míchel porque no tenía juego ni remate. ¿Cuántos balones tocó Stuani en los primeros 45 minutos? Pocos. Muy pocos. Apenas siete pelotas.
El inicio de la segunda mitad resultó desalentador para el Girona. Sacaba de centro y al segundo pase Krejci envió el balón directamente fuera, prólogo de otros dos inquietantes balones perdidos por Miguel y Oriol Romeu. Todo en apenas dos minutos.
Empezó a calentar Arthur, el fichaje invernal, junto a Asprilla, Miovski, Portu… Jugadores todos con aire ofensivo. Imprescindible espíritu atacante para un equipo enredado en la trampa del Getafe. Eran, curiosamente, los centrales (David López y Krejci) quienes disparaban desde fuera del área. Fue un tiro de checo que golpeó en la cara de Ramon Terrats el prólogo del empate.
Un saque de esquina servido con extrema precisión por Tsygankov encontró una respuesta formidable con el cabezazo de Yangel Herrera. Donde no llegaba el fútbol aparecía la pizarra. El córner fue espectacular en todos los sentidos. En el lanzamiento y en el remate que despertó a Montilivi y rescató, al mismo tiempo, la tradicional imagen de Míchel, pero duró poco.
Duró poco porque el Girona volvió a regalar otro gol. Un mal control de David López abrió el camino para que Borja Mayoral, que llevaba pocos segundos (concretamente 19) en el campo, aprovechara otro obsequio. En este caso fue una defectuosa parada de Gazzaniga al disparo exterior de Juan Iglesias la que dejó el balón en las condiciones ideales para que Borja Mayoral castigara la ya de por sí dañada autoestima del Girona, un equipo extremadamente bondadoso.