De regalo en regalo
Desquiciado y desubicado estaba el Girona que entraba en el territorio ‘bordalasiano’ , dícese de aquel lugar donde una vez obtenida la fortuna del gol de Uche pues se juega cada vez menos. El problema no era, sin embargo, ese. El problema estaba en el interior del propio equipo de Míchel porque no tenía juego ni remate. ¿Cuántos balones tocó Stuani en los primeros 45 minutos? Pocos. Muy pocos. Apenas siete pelotas.
El inicio de la segunda mitad resultó desalentador para el Girona. Sacaba de centro y al segundo pase Krejci envió el balón directamente fuera, prólogo de otros dos inquietantes balones perdidos por Miguel y Oriol Romeu. Todo en apenas dos minutos.
Empezó a calentar Arthur , el fichaje invernal, junto a Asprilla, Miovski, Portu… Jugadores todos con aire ofensivo. Imprescindible espíritu atacante para un equipo enredado en la trampa del Getafe. Eran, curiosamente, los centrales (David López y Krejci) quienes disparaban desde fuera del área. Fue un tiro de checo que golpeó en la cara de Ramon Terrats el prólogo del empate.
Un saque de esquina servido con extrema precisión por Tsygankov encontró una respuesta formidable con el cabezazo de Yangel Herrera. Donde no llegaba el fútbol aparecía la pizarra. El córner fue espectacular en todos los sentidos. En el lanzamiento y en el remate que despertó a Montilivi y rescató, al mismo tiempo, la tradicional imagen de Míchel, pero duró poco .
Duró poco porque el Girona volvió a regalar otro gol. Un mal control de David López abrió el camino para que Borja Mayoral , que llevaba pocos segundos (concretamente 19) en el campo, aprovechara otro obsequio. En este caso fue una defectuosa parada de Gazzaniga al disparo exterior de Juan Iglesias la que dejó el balón en las condiciones ideales para que Borja Mayoral castigara la ya de por sí dañada autoestima del Girona, un equipo extremadamente bondadoso.