El Mundial de 2030 es mucho más que una cita con el fútbol para Zaragoza. La FIFA ha hecho oficial esta semana la organización para España, Portugal y Marruecos y con ella la designación de La Romareda como una de las 20 sedes para acoger partidos de la primera fase y, quién sabe, de octavos de final llegado el caso. El anuncio, más allá de la alegría de los aficionados de volver a ver una cita mundialista en la ciudad después de 48 años, lo que hace ahora es activar la cuenta atrás para muchos otros retos que van más allá del deporte. Desafíos que fundamentalmente pivotan en la movilidad, el aspecto peor valorado por el máximo organismo internacional del fútbol, el desarrollo del aeropuerto y su crecimiento en rutas aéreas, en las que ya estaba trabajando el Gobierno de Aragón; las infraestructuras pendientes, ya reclamadas al Gobierno central; y la inversión estatal en una ciudad que desde los 2.500 millones recibidos para la Expo no ha vuelto a beneficiarse de un impulso decidido desde Madrid.
La teoría aplicada para la muestra internacional de 2008 por quien era su alcalde entonces, Juan Alberto Belloch, cobra de nuevo vigencia: por cada euro que ponga el ayuntamiento en proyectos que el Gobierno central ponga cuatro veces más. Apuestas de envergadura aprovechando un gran evento de relumbrón, que se consigan con una financiación estatal que solo llega cuando su imagen y prestigio internacional está bajo la lupa de millones de personas. Convencer a Madrid de que es el momento de ejecutar infraestructuras necesarias más allá de los escasos días que dura la cita mundialista y que quedarán para siempre para los zaragozanos.
Sin embargo, el reto más inmediato se vivirá de puertas para adentro del consistorio de la capital aragonesa: la movilidad del futuro a la que ya no le caben más demoras. El informe de la FIFA puso el foco en una de las carencias más importantes: la insuficiente oferta de transporte público de alta capacidad. «Solo tiene una línea de tranvía», apuntaba su informe. Ahora se activa el reloj para perfilar todo un engranaje que afecta a toda la red urbana y metropolitana. Con un hito imprescindible en el horizonte como es la licitación de la nueva contrata del autobús que, con el Mundial 2030 ya encima de la mesa, se verá sin duda condicionada.
Movilidad
La propuesta de movilidad no puede limitarse ahora a una línea circular como la que pretende impulsar el Gobierno de Natalia Chueca en el primer trimestre de 2025 y que tiene a Valdefierro y otros distritos enfadados. La Romareda se convertirá en epicentro de actividad, centro neurálgico de una cita de afluencia masiva, como en su día fue el recinto de Ranillas para la Expo, y hay que procurar una cobertura adecuada para los miles de aficionados, profesionales y turistas en general que llegarán en 2030 a ese entorno.
El tranvía, la línea norte-sur entre Parque Goya y Valdespartera, se ve como una oferta insuficiente y parece improbable que sea la única para esas fechas. Aunque todavía no se conoce hasta qué punto se puede incrementar el número de frecuencias o si, como se hizo recientemente, habrá que encargar nuevas unidades para aumentar su capacidad. La experiencia dice que, en caso de necesidad, esa adquisición de nuevos tranvías, aunque sea para que aumente el número de convoyes que puedan circular en doble composición, no puede hacerse de un día para otro. Y el desembolso es más que considerable.
El Mundial, por otra parte, puede conseguir precipitar la resolución a un debate que lleva encima de la mesa más de una década: cómo se resuelve el eje este-oeste. Si con una segunda línea del tranvía o un autobús de más capacidad que los actuales. Si se refuerzan las frecuencias solo o se aborda con seriedad un corredor que una Valdefierro, Delicias, Las Fuentes, San José y Torrero pasando por el centro. La necesidad existe desde hace tiempo y un evento de estas características quizá acelere lo que lleva tanto tiempo a la espera de una solución política.
También si se aborda la ampliación de la línea actual hasta el aeropuerto. Los expertos, y la propia FIFA, recomiendan una conexión mejor resuelta entre el aeropuerto, que será la puerta de entrada para muchos más miles de visitantes a Zaragoza en 2030, y el centro de la ciudad. Ahora se da cobertura con una línea de bus que se consiguió desagregar del enlace con Plaza. Pero si la solución pasa por el tranvía, alargar el recorrido desde el extremo en Valdespartera e ir más allá de la callle Mago de Oz para conectar con Arcosur, la Feria de Muestras, Plaza y el aeropuerto, existe un hándicap legal muy relevante como es la limitación que jurídicamente hay de ampliar el objeto y el volumen de negocio de una línea norte-sur ya adjudicada que no puede crecer de cualquier manera. ¿Qué hacer? ¿Otro contrato nuevo o explorar las posibilidades legales de ampliar? Para resolver esa incógnita y ejecutarla también quedan ahora seis años.
El futuro del aeropuerto
Otro puntal clave a resolver en los próximos seis años es el futuro del aeropuerto de Zaragoza. La DGA está negociando desde hace meses con Ryanair, Volotea, Vueling, Air Horizont y Air Europa, así como con Aeroméxico para plantear conexiones más allá del Atlántico haciendo escala en Madrid. Los mimbres de esas conversaciones van dirigidos a abrir nuevas rutas internacionales y, quién sabe, quizá una base permanente de operaciones que, como mínimo, tendría que esperar a 2027 para hacerse realidad. La clave de ese objetivo, como siempre, es el dinero que la DGA esté dispuesta a poner encima de la mesa en forma de contratos de promoción turística y publicidad.
Ahora Zaragoza, siendo sede del Mundial, meterá más presión en ese reto en el que se trabaja de forma coordinada entre ambas administraciones y Aena. El consistorio parte de la base de no poner ni un euro del presupuesto municipal como sí hizo antes de la Expo y hasta 2012, cuando dejó de hacerlo. El escenario, con vistas a 2030, quizá cambie esa posición, aunque desde la ciudad se fía todo al músculo económico de las arcas autonómicas y al retorno que ese aeropuerto genera para todo el territorio. Ahora mueve ya más de 600.000 viajeros al año, su récord está en los 751.000 de 2011, un año antes de que el ayuntamiento dejara de financiar rutas internacionales y nacionales. Ahora la motivación es compartida. Pero la negociación abierta con las compañías quizá dé un giro interesante y le abra más puertas que antes de tener un Mundial a la vista en 6 años.
Respecto a las infraestructuras pendientes, son muchos los proyectos que Aragón ha puesto encima de la mesa del Ministerio de Transportes. Como la Expo sirvió para implantar la primera línea de Cercanías, quizá el Mundial acabe dando el empujón definitivo a la anhelada conexión de Zaragoza con Huesca por este servicio. O abrir el debate de si el eje hacia Logroño y Navarra (por ejemplo hasta Tudela) ahora es más apetecible. En todo caso, las primeras informaciones apuntan a que España manejará una inversión de más de 10.000 millones en los próximos seis años en las 11 sedes mundialistas en el país, sin concretar cómo se va a distribuir. Pero Zaragoza y Aragón tienen la oportunidad de mover ficha y anticiparse al resto con todas las reivindicaciones millonarias que llevan años en el cajón. Como la conexión ferroviaria con Plaza y el aeropuerto, por ejemplo, una interesante apuesta con grandes beneficios más allá de la cita mundialista.
En el horizonte, una fecha importante, 2027, y un aspecto más que relevante, que los gobiernos central y autonómico son de colores políticos distintos. El futuro de Pilar Alegría quizá tenga mucho que decir al respecto. La ministra no solo lleva las competencias de Deportes, también podría ser la apuesta de Pedro Sánchez para reconquistar el Pignatelli en 2027. La inversión pública en Aragón puede ser un buen cartel de presentación y el Mundial, la excusa perfecta. ¿El hándicap? Que si se postula como candidata socialista para las elecciones de 2027, el impulso inversor estará muy condicionado a los plazos en los que ella pueda rentabilizarlos como candidata a la Presidencia. Aunque al final a Zaragoza no le afecta quién se lleva el mérito, solo aprovechar la ocasión para obtener infraestructuras muy necesarias para su futuro más allá de 2030.
Mientras, en Zaragoza, la alcaldesa tiene un buen listado del que echar mano para rentabilizar la inversión. Entre las obras ya iniciadas y ejecutadas antes incluso de confirmarse la sede y los proyectos que ya incluyó en un plan de calles, avenidas y plazas valorado en más de 200 millones, muchas de esas inversiones irán apareciendo en los próximos años. Porque para ello también quedan seis. En la punta de lanza, la reconversión del entorno del Portillo, que ya está previsto que pueda hacerse realidad entre 2027 y 2028.
La última pata de este plan global a seis años incluye al sector servicios y especialmente a la oferta hotelera y hostelera. Con más de 11.000 plazas creadas para la Expo, la realidad es que hoy hay un porcentaje considerable que no está en uso. Y las aspiraciones de ser sede del Mundial han servido para que haya grandes firmas extranjeras interesadas en comprar hoteles. Entre ellas, según ha podido saber este diario, la cadena de hoteles de lujo Relais & Châteaux, interesada en adquirir establecimientos enteros que están disponibles en el mercado. Aunque se lleva con sigilo y es complicado seguir sus pasos. Mientras, en la hostelería también hay seis años para trazar un plan estratégico que perfile cómo será la oferta que se presente para 2030, más armonizada de lo que es ahora y con líneas maestras más claras sobre las terrazas y los horarios de apertura.