El ambiente en Bakú es cada vez más tenso. Tras una primera semana de negociaciones técnicas al ralentí, la semana clave de la cumbre del clima ha arrancado con aún muchas incógnitas en el aire y ninguna respuesta. Hace días que los negociadores trabajan para intentar desbloquear el acuerdo financiero más ambicioso de la historia en cuestiones de mitigación y adaptación al cambio climático. Cada vez son más las voces que reclaman movilizar al menos un billón (con b) de dólares al año para hacer frente a los estragos climáticos en todo el mundo. Pero esta cifra no es fácil de conseguir y aún no está claro cómo se lograría. Por eso mismo, los diplomáticos reunidos ahora en Bakú miran con esperanza a la cumbre del G20 que se está celebrando en Brasil para ver si los gobiernos más ricos (y contaminantes) del mundo, que por sí solos suman el 85% del PIB, dan alguna señal positiva para desbloquear este punto clave del acuerdo.
El quid del debate sigue siendo el mismo. El avance de la crisis climática en el mundo está aumentando desde la incidencia de desastres naturales, como las lluvias torrenciales y las inundaciones, como el impacto de los extremos climáticos, como las sequías cada vez más intensas y las temperaturas infernales registradas en verano. Ante este hecho, que no solo constatan los estudios científicos sino que todos nosotros hemos podido vivir en nuestra propia piel, queda claro que la humanidad necesita acelerar su lucha contra el cambio climático, recortar cuanto antes sus emisiones y desplegar más medidas de adaptación para minimizar el impacto de estos extremos climáticos. Hasta ahora, los países desarrollados se habían comprometido (con escaso éxito) a movilizar 100.000 millones de dólares al año para esta misión. Pero ahora, reunidos en Bakú, el consenso unánime es que hace falta ir un paso más allá y redoblar la apuesta financiera.
El consenso es unánime sobre la necesidad de ir más allá de los 100.000 millones de dólares anuales para iniciativas climáticas, aunque aún no está claro cómo
La gran esperanza para desatascar este embrollo está puesta en la cumbre del G20 que en estos momentos se está celebrando en Brasil. Aún no está claro si en la declaración final de este encuentro, prevista para el martes, se hará una mención específica a la cuestión de las finanzas climáticas. Sobre todo debida a la compleja situación geopolítica a la que se enfrenta el mundo. Pero en Bakú, todos esperan que se produzca el milagro y que los gobiernos más poderosos del mundo manden al menos una señal positiva para desbloquear esta parte de las negociaciones. Según ha avanzado este lunes la agencia Reuters, todo apunta a que el G20 sí podría dar algún tipo de mensaje sobre la necesidad de movilizar más fondos climáticos.
Tres incógnitas
Fuentes cercanas a las negociaciones afirman que el debate sobre finanzas climáticas sigue abierto en todos sus frentes. En primer lugar, en cuanto a la cifra en sí que hay que movilizar porque, pese a las peticiones lanzadas por las partes, el consenso es que hay que cerrar un número «realista» y no solo lanzar una promesa. En segundo lugar, en las negociaciones se está intentando ampliar la base de contribuyentes para que más países aporten a la causa y el peso no recaiga solo en bloques como el de Europa, que hasta ahora ha aportado un tercio de los fondos climáticos. Y el tercer punto en discordia tiene que ver con cómo incorporar nuevas fuentes de financiación a la causa, ya sea sumando iniciativas del sector privado o buscando ‘alternativas’ como la creación de impuestos específicos para sectores altamente contaminantes como la aviación o el transporte marítimo. En medio de este caos, el concepto que más repiten las partes es «ambición» aunque nadie tiene claro cómo aterrizará en esta cumbre.
Cada vez cobra más peso la propuesta de buscar fuentes de financiación alternativas como la creación de un impuesto a la aviación y el transporte marítimo
Reunidos en Bakú, varios colectivos ecologistas han denunciado el atasco de unas negociaciones clave para el futuro de millones de personas. «Aquí no estamos hablando de cifras inertes, sino de la supervivencia de millones de personas en todo el mundo. Este acuerdo puede suponer una cuestión de vida o muerte para comunidades del sur global. No podemos irnos de aquí con las manos vacías y fallarles a todos», ha destacado Mattias Söderberg, de la plataforma DanChurchAid, en una convocatoria realizada este lunes. En esta misma línea, una manifestación convocada a primera hora de la mañana, justo mientras los ministros ingresaban a las salas de negociaciones, ha puesto el grito al cielo para recordar a los diplomáticos la importancia de estas negociaciones. «Nuestras vidas, las de todos, están en juego», ha clamado una activista desde la puerta de la cumbre de Bakú.
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