El futuro de Canarias depende de un complejo engranaje climático en el que destaca un actor principal: el alisio. Las previsiones del impacto del cambio climático auguran que estos vientos cargados de humedad y fresco dejarán de reinar en el Archipiélago en los próximos años. Si las previsiones climáticas se cumplen –y la pobre acción climática no parece que vaya a cambiarlas–, Canarias podría perder los privilegios que le han llevado a convertirse un paraíso de sol, playa y variados ecosistemas.
El clima de Canarias está supeditado a un complejo engranaje formado por varias estructuras climáticas para poder crear los polifacéticos paisajes que hacen del Archipiélago un territorio único. En el centro de esta compleja red se encuentra el anticiclón de las Azores. «El clima de Canarias está condicionado en gran medida a este anticiclón», sentencia Carlos Torres, director del Centro de Investigaciones Atmosféricas de Izaña.
De su posición e intensidad depende gran parte de las características del clima isleño, como la variabilidad climática en diferentes vertientes, la llegada o no de calima –y su intensidad–, el mar de nubes e, incluso, la biodiversidad marina del Archipiélago. «Si el anticiclón varía en su posición como en su intensidad estaremos ante una variación completa del clima de Canarias», revela, por su parte, el delegado de la Aemet en Canarias, David Suárez. «El anticiclón nos protege y, a la vez, confiere al Archipiélago ese característico tiempo nuboso en los nortes y soleado en el sur», sentencia.
El anticiclón de las Azores toma su nombre de la posición que ocupa habitualmente en el mapa, ya que se suele ubicar al oeste de las islas portuguesas. Una posición en el mapa global que en Canarias se traduce en la introducción de un aire más húmedo que dota a las Islas de temperaturas suaves durante todo el año. El calentamiento global amenaza con alterar ese frágil equilibrio. Y es que el cambio climático está modificando el comportamiento que tienen tanto el anticiclón de las Azores como el resto de grandes estructuras de altas presiones subtropicales que se distribuyen de forma casi simétrica en todo el planeta.
En este sentido, las predicciones multimodales del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) apuntan a varios posibles desenlaces futuros para el anticiclón de las Azores. Desde hace años se prevé que el calentamiento del planeta provoque que esos anticiclones se desplacen hacia latitudes más altas, a consecuencia de la ampliación de los trópicos. Algo que, como insiste Sergio Rodríguez, responsable del Laboratorio Canario de Calidad del Aire e investigador del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA), «ya está ocurriendo».
En 2017 Canarias sufrió por primera vez ese cambio de latitud del anticiclón. «Como la estructura se desplazó durante el verano hacia Madeira, el alisio llegaba muy débil a Canarias», insiste Rodríguez. Solo hizo falta que llegara un poco de calima para que ese año Canarias sufriera un episodio sin precedentes de floración de cianobacterias en sus costas, la llamada crisis de las microalgas.
El origen de las supercalimas
Sin embargo, en los últimos años los investigadores también han asistido con asombro a otro cambio de patrón en el anticiclón de las Azores: un movimiento hacia el este que lo acaba situando entre el sur de la Península y norte del continente africano.
Esto se ha podido estudiar por primera vez entre 2020 y 2022. Durante estos años, el anticiclón abandonó las Azores para situarse encima de Europa –causando intensas sequías en el continente– y en la mitad sur de la Península y Marruecos. ¿El resultado? Una mayor inestabilidad meteorológica, más calor y la entrada, por primera vez en los 20 años de historia registrada, de supercalimas en Canarias.
Dos recientes investigaciones han ahondado en el fenómeno de la inyección masiva de polvo sahariano en el Archipiélago, –una situación que se repitió hasta en seis ocasiones durante ese periodo en las Islas– y ambas concluyen lo mismo: se debe a la interacción de este anticiclón situado en un lugar que no le corresponde y a la entrada de borrascas por el norte de Canarias.
Calima en Canarias / José Carlos Guerra/El Periódico
La interacción entre estas bajas presiones y el gran anticiclón –en una configuración que los investigadores denominan dipolo– es lo que produce los «vientos intensos que soplan de este a oeste» que, en última instancia, arrastran el polvo sahariano hasta lugares insospechados. «Son como dos ruedas del mismo engranaje que generan una sinergia e intensifican este fenómeno», reseña Rodríguez.
Al mismo tiempo, el desierto del Sáhara, que es otro factor fundamental del clima canario, ha seguido aumentando su temperatura. «Ya estamos viendo que tiene una incidencia directa sobre un número mayor de olas de calor y que estas sean cada vez más intensas y duraderas, además que aparezcan en épocas no habituales», indica Abel López, geógrafo de la Cátedra de Reducción de Riesgos de Desastres y Ciudades Resilientes de la Universidad de La Laguna (ULL).
Cuando el anticiclón se desplaza –sea cual sea su destino– el tiempo en Canarias se vuelve inestable (varía de forma abrupta de un día a otro), se produce un mayor flujo de polvo, aumenta la temperatura y se reduce la humedad. Además, también desprovee a Canarias de la protección que le confiere para evitar tormentas tropicales. «Ver cómo se va a comportar en el futuro es fundamental para entender cómo va a ser el tiempo en Canarias», relata Suárez. «Cualquier interferencia en el anticiclón va a afectar a medio o largo plazo a Canarias», sentencia Carlos Torres.
En 2023 los canarios pudieron presenciar en primera persona lo que supondrá el aumento de un grado y medio en el planeta. El fenómeno natural de El Niño en el Pacífico (ENSO) fue capaz de elevar los termómetros globales por encima del límite de 1,5 grados impuesto en el Acuerdo de París y en Canarias provocó el verano más caluroso desde que hay registros. «Durante ese periodo el anticiclón que se suele situar en Azores se debilitó», relata Torres.
«Lo más preocupante es que ese debilitamiento puede incidir en que las temperaturas sean más sofocantes en medianías y la alta montaña», sentencia López. Esto, como insiste, es especialmente sensible de cara a la mayor afección que los incendios forestales podrían tener en el Archipiélago. «Si se pierde la influencia del alisio la humedad será menor y nuestros montes están mucho peor preparados para convivir con estos fenómenos», revela.
Una conexión con el mar
Pese a que la acción del alisio en las Islas tiene un impacto mayor en el plano atmosférico, no menos importante es la estrecha conexión que mantiene con el océano. El anticiclón de las Azores es el principal proveedor de frío de la corriente de Canarias. «El sistema climático no se entiende sin la interacción del mar y la atmósfera», relata Torres. Este flujo de agua con dirección norte-sur se mueve estacionalmente de un lado a otro del Archipiélago es el que logra que por la noche refresque y durante el día las temperaturas se mitiguen.
Sin embargo, en los últimos años se ha detectado un incremento de la temperatura del océano. «Desde 1987 la temperatura superficial ha aumentado más de dos grados», explica Lola Pérez, oceanógrafa de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC). En concreto, ha pasado de los 20 hasta los 22,5 grados.

Vórtices de von Karman sobre Canarias originados por el alisio. / Cedida
Asociado al aumento de temperaturas en el mar, los investigadores han detectado una recurrencia mayor de las noches tropicales y menos precipitaciones en Canarias. Pero además, este aumento de los termómetros marinos está teniendo repercusiones directas en las zonas de afloramiento del banco pesquero canario-sahariano, que está llegando, como explica Pérez, a su «límite». «La productividad está saturando y prevemos que empezará a reducirse a partir de esta década», revela la investigadora. Ambas estructuras son producto del alisio. Gracias a los vientos se remueven las aguas cálidas de la superficie y se convierten en más frías.
El sistema climático del que depende Canarias está en plena metamorfosis. En los próximos años, las pequeñas grandes variaciones que se están dando en estas estructuras atmosféricas y oceánicas modificarán el Archipiélago tal y como lo hemos conocido. De hecho, las Islas ya no son lo que eran hace veinte años, y, como sentencia Torres, «es posible que no las volvamos a ver».
Canarias, territorio resiliente
El cambio climático no solo va a alterar las condiciones climáticas características del Archipiélago, también hará de las Islas un lugar más vulnerable a los riesgos naturales. Así, ante el incremento de olas de calor, incendios, lluvias torrenciales y embates de mar, investigadores como el geógrafo Abel López defienden que Canarias debe dar un paso adelante en materia de protección civil y gestión de emergencias para actualizarlo y adaptarlo a la realidad climática actual. «Debemos entender que ya no basta con pensar en los riesgos de forma individualizada sino que tenemos que preparar a nuestros espacios y urbanos para que sean capaces de absorber los impactos de cualquier riesgo sin importar cuál sea su origen», sentencia López, que considera importante avanzar hacia unos territorios resilientes sin importar cuál sea el riesgo.
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