Desde hoy me caen mucho mejor los franceses, muchísimo mejor, infinitamente mejor. Quisieron que ese momento mágico delante de la Tour Eiffel con todos los olímpicos a los pies del emblema de Francia tuviera como protagonista a Zinedine Zidane y a nuestro Rafa Nadal en un momentazo con una complicidad y una magia única.

Rafa Nadal con su americana roja del equipo español, luciendo la bandera en el pantalón y en el polo, sonriendo como nunca, feliz, exultante abrazando a Zidane y eufórico junto a Nadia Comaneci, Carl Lewis y Serena Williams en el bateau más impactante. Rafa Nadal es un deportista ejemplar, el que mejor representa los valores olímpicos, un ser delicioso que antes de la ceremonia inaugural ya era el que más fotos se hacia en la Villa Olímpica. Porque si, cuando visitas Paris quieres sí o sí una fotografía en la Tour Eiffel pero si estás en la Villa Olímpica quieres la foto con Rafa Nadal. Rafa puede tardar más de una hora en recorrer 60 metros, no para de hacerse fotos en el comedor, está siempre rodeado porque los deportistas, los olímpicos, los coleccionistas de éxitos quieren como recuerdo de sus JJOO una foto con Nadal.

Zidane había hecho un despliegue en la previa con un spot donde demostraba sus dotes como actor. Ante la ausencia de Mbappé, que debía ser protagonista, Zizou se elevó llevando el fuego olímpico por lugares emblemáticos de París. Y en la pasarela de la Tour Eiffel chocaba sus manos con los olímpicos con simpatía y complicidad.

Amélie Mauresmo entregó el fuego a Tony Parker, protagonismo para los paralímpicos Hanquinquant y Keita y se fueron sumando Michael Guigou y otros grandes referentes, todos con chubasqueros blancos, pasando el fuego olímpico a Teddy Riner y Marie-José Perec para encender el globo que se elevó en el cielo de Paris con la traca final, la cantante canadiense Céline Dion cantando ‘Hymne à l’amour’ de Édith Piaf sólo como ella es capaz de interpretar. El globo portando el fuego olímpico moviéndose con lentitud mientras Céline dominaba el escenario como la gran diva que es y fue el último regalo de una ceremonia muy televisiva que en la recta final, con el homenaje a la historia del olimpismo y con la elección de los últimos relevistas. Demostró estar a la altura.

Nadal, con sus Nike, su sonrisa, su chaleco salvavidas en el barco, su complicidad con los otros grandes campeones. Nadal, con su sonrisa… Vive la France!.



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