El Valencia recibe al Getafe de Bordalás envueltos en la ‘semana Diakhaby’, que ha marcado la actualidad del equipo por su terrible lesión, y que tras la operación parece que finalmente será menos de lo que podría haber sido. Las muestras de cariño hacia el central han sido incontables y de distintos orígenes. Una de las últimas, y que viene marcada por la previa del Valencia-Getafe del sábado, es la de José Bordalás.
Diakhaby tan solo estuvo una temporada a las órdenes de Bordalás, pero se creó un gran vínculo jugador-entrenador, creciendo el central francés después de varias temporadas muy discutido en Mestalla. El alicantino exprimió al máximo las condiciones de ‘Diakha’, que mostró su mejor nivel con Bordalás, junto con el que se estaba viendo antes de la lesión.
En la rueda de prensa previa al enfrentamiento entre azulones y blanquinegros, el técnico quiso animar al valencianista Mouctar Diakhaby, lesionado de gravedad durante el partido que disputó su equipo frente al Real Madrid con un bonito mensaje: «Lo está pasando francamente mal. Ha sido una lesión gravísima y me alegro de que haya sido una intervención exitosa. Toda la fuerza del mundo, le deseamos una pronto recuperación. Es un chaval maravilloso y el tiempo que estuvimos con él fue genial», afirmó.
Bordalás y Diakhaby han dejado varias imágenes icónicas juntos, como por ejemplo con la victoria en las semifinales de Copa del Rey ante el Athletic Club en ese partido de vuelta en el que se certificó el pase a la final, que fue celebrado casi como un título por cómo venía el equipo, y en el que Bordalás y Mouctar se fundieron en un gran abrazo justo después de que el alicantino gritase de felicidad: «¡Diakha!».
Su defensa de Diakhaby en Cádiz
Otra de las imágenes icónicas de su etapa es la temporada después de que Diakhaby sufriese el incidente racista en Cádiz con Juan Cala que no se pudo demostrar con imágenes, y que al año siguiente le costó una sonora pitada al internacional por Guinea cuando ingresó al campo. Fue entonces cuando Bordalás mandó callar al Nuevo Mirandilla dirigiéndose hacia la grada y poniéndose el dedo en la boca, en un gesto claro de disconformidad con la pitada, defendiendo así a su jugador.