Las redes sociales han revolucionado la forma en que los jóvenes interactúan, se expresan y perciben el mundo a su alrededor. Estas plataformas, omnipresentes en la vida de la generación actual, no solo han transformado las comunicaciones, sino también la forma en que los individuos construyen su identidad y relaciones. Pero, como con cualquier revolución, hay inquietudes.
A medida que crece la presencia de los jóvenes en TikTok, Instagram o X también lo hacen las preocupaciones sobre cómo podrían estar afectando su salud mental. Aunque es fácil trazar líneas entre el aumento del uso de redes sociales y el alza en casos de ansiedad y depresión entre jóvenes, la realidad podría ser más compleja de lo que parece a simple vista.
La profesora Silje Steinsbekk, del Departamento de Psicología de NTNU, pone en perspectiva este supuesto: «La prevalencia de la ansiedad y la depresión ha aumentado, al igual que el uso de redes sociales. Por eso, muchos creen que debe existir una correlación».
Para aclarar este interrogante, investigadores de la NTNU llevaron a cabo el proyecto Trondheim Early Secure Study, en el que realizaron un seguimiento de 800 niños de Trondheim durante seis años. Estudiaron la relación entre el uso de las redes sociales y el desarrollo de síntomas de enfermedad mental. Estos niños fueron evaluados cada dos años, desde los diez hasta los dieciséis años, el periodo crucial de transición de la infancia a la adolescencia. La metodología empleada consistió en entrevistas de diagnóstico con los niños y sus padres.
No son la causa directa
Uno de los principales hallazgos del estudio es que no se encontró una relación directa entre un mayor uso de redes sociales y un incremento en los síntomas de ansiedad o depresión. Este resultado es esencial para desmitificar la idea generalizada de que las redes sociales son la principal causa de los problemas de salud mental en jóvenes.
Sin embargo, el estudio no descarta completamente la influencia de estas plataformas en la salud mental. Aunque no se establece una relación directa con ansiedad o depresión, hay matices que considerar. Por ejemplo, el estudio identifica que algunos jóvenes pueden tener experiencias negativas en estas plataformas, como sentirse excluidos o enfrentar situaciones de ciberacoso. Por lo tanto, aunque el uso de redes sociales en sí mismo no cause depresión o ansiedad, su mal uso o las experiencias negativas en ellas sí pueden afectar el bienestar emocional de los jóvenes.
Se debe fomentar el buen uso
Además, es crucial señalar que las redes sociales, si se utilizan adecuadamente, pueden ofrecer importantes beneficios. Como señala Steinsbekk, estas plataformas pueden actuar como espacios de pertenencia y comunidad, conectando a los jóvenes con amigos y familiares, y protegiéndoles potencialmente de la soledad.
Esta dualidad en el impacto de las redes sociales -donde pueden ser tanto un apoyo como un desencadenante de experiencias negativas- hace hincapié en la necesidad de una utilización consciente y educada de estos espacios digitales.
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