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Cómo preparar a tus mascotas antes de irte de viaje sin ellas

Decir adiós a las mascotas es una de las cosas más difíciles que hacer antes de irse de vacaciones. Ellos se quedan en la puerta, sin entender que sus dueños no volverán en un par de semanas. Perros y gatos son seres completamente dependientes, entregados a su familia y, aunque sus amos confíen en la persona con la que dejan a su mascota, la preocupación por separarse de estos animales raras veces desaparece del todo.

Perros y gatos sufren ansiedad y estrés, sobre todo con los cambios bruscos y las alternaciones de su rutinaElena García, veterinaria experta en medicina del comportamiento, da algunas recomendaciones para que la ausencia de los dueños afecte a las mascotas lo mínimo posible e incluso pueda tener efectos positivos.

Reducir el estrés y la dimensión del cambio ayuda a perros y gatos a sentirse seguros

“Cualquier cambio en la rutina del animal tendrá un impacto, pero lo importante es la dimensión de esa cambio”, explica la etóloga. Minimizar la variación de su estilo de vida reducirá la ansiedad que pueda generar en la mascota la marcha de su dueño. Y pone algún ejemplo: “Si se van a quedar con los abuelos, se puede anticipar el cambio dejándoles algún fin de semana”, recomienda García. Una suerte de proceso de adaptación. Esto será especialmente importante si con el cambio deben convivir con otros animales: “Tienen que conocerse antes y se debe comprobar que hay una buena relación entre ellos”. 

Dejar a la mascota con algún familiar o amigo no tiene por que suponer un impacto negativo. “Puede ser para bien. Si tienes un perro y tú trabajas ocho horas al día, dejarlo en casa de los abuelos hará que el perro se lo pase mejor”, apunta la etóloga. Llevarlos a la montaña o al campo facilitará que disfruten más durante la ausencia de sus dueños.

Otro punto importante para garantizar la máxima normalidad es la dieta y los hábitos. “Puede ser una fuente de nerviosismo para el animal que es completamente evitable”. Asegurarse de que la mascota tenga sus juguetes, su cama y sus cosas hará que se pueda ubicar con más facilidad en el nuevo hogar.

Guía para cuidadores

Además de vigilar que los animales no se estresen, también se debe tener en cuenta a los cuidadores. Si estos tienen claro lo que deben hacer en todo momento y cuentan con pautas de cómo actuar si ocurre algún problema, tanto ellos como el animal se sentirán mucho más seguros. “Es esencial que los cuidadores tengan claro a quién contactar en caso de emergencia, que conozcan al veterinario habitual”, advierte García.

No todas las mascotas son iguales. Las necesidades entre perros y gatos varían mucho. En cuanto al mejor amigo del hombre, la veterinaria pone el foco en dos aspectos fundamentales: los paseos y las horas que pasará solo. “Debemos intentar que haya un buen vínculo entre el animal y los cuidadores y el animal y que estos le puedan dar paseos de calidad“, señala la veterinaria. “Que la persona a cargo tenga la capacidad física y mental para cuidar del animal, y que nadie se estrese”, añade. Los perros necesitan compañía, así que dejarles con alguien que pueda estar el máximo de horas con ellos es la mejor opción.  

Los gatos, mejor en casa

En el caso de los gatos, es al revés. Suelen ser animales solitarios, que no salen de casa y que van por libre. A ellos, los cambios les estresan aún más. García recomienda que si el viaje del dueño es menor de tres o cuatro semanas, lo mejor es que el gato se quede en su propia casa y que el cuidador se desplace a la vivienda puntualmente para ponerle comida, bebida y para asegurarse de que está bien y tiene sus necesidades básicas cubiertas.

Aunque dejarlos con familiares es siempre una de las primeras opciones, García recomienda priorizar el lugar en el que el animal vaya a quedarse y elegir aquel en el que vaya a tener “mayor cualidad de vida”. La confianza y la cercanía con la mascota son puntos muy positivos para que haya una buena relación con el cuidador, pero hay que priorizar que sea un ambiente adecuado para el perro.

“Tiene que ser un sitio en el que no estén encerrados, que no se queden solos demasiado tiempo y que el cuidador pueda prestarles la atención y los cuidados necesarios”, dicta la etóloga.

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